Polvo de mariposas

“Aún sigo creyendo en el polvo de las mariposas”, escucho cantar a Vanesa Martín. Yo también, le diría a esta artista a la que admiro si la tuviera delante. Y el caso es que pensaba que había dejado de creer en eso, en la sensación de sentirse preso de una emoción tan grande que no se puede describir con palabras.
Recuerdo la primera vez que la sentí, era un adolescente todavía y esas mariposas traviesas y juguetonas revoloteaban por mi estómago cuando una chica con voz de sirena pasaba por donde yo estaba.
Los años pasaron y la sensación volvía a aparecer cuando algo relevante sucedía en mi vida. No sé si estaréis de acuerdo conmigo, pero yo tengo una teoría con las mariposas y sus apariciones y es que es directamente proporcional la motivación, interés y esperanza que ponemos a cualquier cosa con la frecuencia con que sentimos algo revolotear en nuestro estómago relacionado con el tema en cuestión.
A mí últimamente me pasa mucho, me noto como el adolescente que en su día escuchaba canciones de OBK pensando en la chica de los recreos. Me ocurre en días como hoy, cuando suena el teléfono y hablo con la editorial que en breve pondrá mi libro en el mercado acerca de la evolución del mismo, evidenciando que en apenas unos meses dejará de ser una ficción para ser una realidad tangible.
No deja de ser paradójico que personajes de ficción, dejen de ser ficción, para formar parte de mi realidad y cobrar vida en forma de libro lleno de personajes de ficción. A lo mejor sucede igual con el polvo de las mariposas, que está en nosotros, sin que nos demos cuenta y el secreto es impregnar de él todo aquello en lo que queremos poner lo mejor de nosotros mismos, ya sea una novia adolescente, el cuidado de un ser querido o…, el dejar nuestra esencia plasmada en las páginas de un libro.
Ver vídeo de Vanesa Martín en Youtube
David Gámiz

julio 28, 2015

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