página en blanco

Es difícil a veces mirarte, das miedo, eres como un abismo al que hay que saltar, aunque el temor paralice los músculos, eres oscuridad, probablemente noche de luna llena, será por eso que los lobos aúllan en la conciencia de muchos de los que se acercan a mirarte.

Eres cruel, tu silencio es la evidencia del silencio de mi mente o más bien, de su desasosiego, ya que te mira y no ve nada más allá del vacío.

Quisiera sumergirme en ti como hace algún tiempo, cuando tu blancura no me sumía en la incertidumbre, cuando eras como una calle iluminada llena de personas felices paseando y contando historias, unas más felices, otras menos, de estas casi siempre más, pero relatos, al fin y al cabo, de vidas ajetreadas y convulsas a las que no costaba trabajo volcar en el papel, aunque en ocasiones, quedaran al descubierto las más abyectas pasiones de sus protagonistas.

Hoy en cambio las calles están desiertas, no sé si la pandemia habrá tenido algo que ver, pero ni siquiera algún viandante despistado, con la sonrisa tapada con su mascarilla quirúrgica, se deja ver por ahí.

Hablé con otros sobre ti y sobre esa sensación que hoy me embarga y me dijeron que también la sintieron alguna vez, nos sucede a todos los que a veces hemos dejado buena parte de nuestra vida en un puñado de páginas, a los que nos hemos enfrentado al dolor a base de pugnar con las palabras hasta lograr que sangren, arropados siempre en la seguridad que al mirarte, tú nos darías las respuestas.

Quizás a ti te haya pasado también y puedas entenderme, quizás hayas sentido alguna vez ese vértigo que puede generar algo tan liviano como una página en blanco, la que te espera, callada y distante, con la necesidad y el deseo de que la llenes de sueños.

diciembre 17, 2020

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