Noche andaluza

Entro a casa una tarde más, el día de trabajo ha sido intenso como de costumbre, pero vengo satisfecho porque creo que finalmente la jornada ha sido provechosa. Dejo las llaves en la entrada, el bastón en su sitio y el móvil en la mesita de siempre. Me siento un momento en el sofá y…, como todas las tardes, poco antes de las nueve, apareces. Hace algunos meses que te escucho, estás justo encima de mí, y eres tan sensual como la seda recién tejida. Hoy estás tocando “noche andaluza”. Me ha encantado asistir a tu evolución, cuando te iniciaste en el piano hace unos meses, apenas tocabas dos acordes de mala manera, hoy me estás haciendo llorar con el sentimiento que pones a tu melodía.
Te estoy oyendo tocar mientras escribo y pienso que soy un afortunado por tener el privilegio de disfrutar casi en primera fila del espectáculo de tu concierto. A lo mejor, el día de mañana, eres un compositor o compositora famosa y yo puedo decir que asistí a tus comienzos. Algunos viven con vistas al mar y yo vivo con conexión a tu piano.
Tócala otra vez, estoy por decirte, qué bonito suena, casi puedo imaginarme uno de los barrios andaluces en los que Alameda se inspiraron para componer esta canción.
Has dejado de tocar, algún que otro pájaro despistado trina todavía a estas horas, seguramente protestará al igual que yo porque el piano haya detenido su música.
Mañana, nuevamente, me tendrás aquí, a eso de las 9, espectante, para deleitarme sea cual sea con la pieza que toques y para dar por concluído otro día de esa forma cálida y dulce a la que me estás acostumbrando.
David Gámiz

junio 16, 2015

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