No hay sitio para mí en su vida

Chico con móvil

En el parque apenas había gente a aquellas horas, los niños acababan de salir de los colegios y o bien estaban almorzando o durmiendo una merecida siesta. Un joven miraba su móvil sentado al sol en uno de los bancos más apartados, pero el mensaje que esperaba no terminaba de llegar.

Miró a su alrededor, como si el cielo pudiera traerle las respuestas que buscaba a unas preguntas que no sabía cómo había llegado a formularse, cuando el teléfono por fin vibró…

El remitente de aquella llamada no era quien él deseaba, pero en cierta forma le alegró recibirla, no la esperaba y quien había al otro lado de la línea, a lo mejor podía aconsejarle.

-Hola Juan -dijo-. Me alegra oírte.. Sí, es verdad, soy un descastado, ya no recuerdo ni la última vez que te llamé y…, al final, siempre terminas llamando tú, pero no es porque no me acuerde de ti, bien lo sabes.
-¡Cómo estás tío? ¿Y Paula? Ya tiene que estar muy grande… Tengo ganas de ir a veros. Pues yo estoy regular, sí, no sé como lo haces que siempre que me llamas me pillas metido en alguna buena, pero lo de ahora si es un problema tío, creo que voy a dejar a Bea…, no hay sitio para mí en su vida.

¿Que te explique eso? Pues es muy sencillo de explicar, tú sabes que comenzamos a salir hace tres años, cuando tú vivías aquí todavía, y al principio todo era genial, no sé, nos lo contábamos todo, si había algo que a uno le preocupaba siempre se lo confiaba al otro, éramos súper detallistas los dos, nos encantaba prepararnos sorpresas, demostrarnos que nos queríamos…, incluso no podríamos decir que no éramos una de esas parejas sumamente dependientes el uno del otro, qué va tío, tú sabes que ella y yo siempre hemos respetado nuestro espacio, ella siguió con su academia y sus cursos de baile, yo con mi gimnasio y el atletismo…, es que nos compenetrábamos tanto, no sé, yo creo que todo se ha estropeado de tan perfecto como era.

El caso es que de un tiempo a esta parte, y seguro que soy yo el culpable, no lo niego, noto que ella no está por la relación, una cosa es que tengamos nuestros trabajos, cada uno sus aficiones, nuestros ratos para salir con amigos por separado, eso es bueno, oxigena la pareja, pero es que ya no es eso y es muy difícil de explicar, haber como lo hago, llega un sábado en navidad y se va con su hermana al pueblo a hacer no se qué historia de un belén viviente, al otro, la inauguración de un musical en el que ha colaborado, al otro, un taller de bailes orientales que ella considera interesantísimo y yo no lo niego…, el caso es que llevamos por lo menos desde noviembre sin hacer nada juntos, y yo le he propuesto viajes, cenas, veladas en casa por si viene cansada y no le apetece salir y creo que el problema no es ella, soy yo, pero no por nada, porque sobro en su vida, ella trabaja muchísimo entre semana, y los fines de semana no desconecta, pero no porque no pueda Juan, porque no quiere, pero no quiere porque le gusta lo que hace y yo la debo dejar porque la estoy perjudicando…

Pues yo no considero que sea ninguna tontería lo que estoy diciendo Juan, creo que no le hago bien, pero no yo, el hecho de tener una relación, ella es una tía súper activa y necesita realizarse ahora, ya tendrá tiempo de estar con un chico más adelante, que soy yo, estupendo, que es otro, pues que sean felices…

Sí, de verdad que pienso así, y no estoy de acuerdo contigo cuando me llamas cobarde, creo que he luchado por ella todos estos meses y en ese sentido tengo la conciencia tranquila.

-No, no se lo he dicho todavía, pero hemos quedado para comer a las tres, estaba haciendo tiempo sentado en el parque en el que nos conocimos cuando tú me has llamado, de hecho, no sé ni siquiera si vendrá, me dijo que me enviaría un whatsapp para confirmármelo, pues dependía de que le anularan una clase que tenía a las tres y media.
-No, aún no he recibido nada.
-Pues claro que antes de tomar la decisión le voy a decir todo esto Juan, es el último cartucho que me queda, estoy como el equipo desesperado que tiene un córner en el minuto 93, pero ni esto es Lisboa ni yo soy Sergio Ramos
-Qué cabrón eres, ya sé que Bea tampoco es Pilar Rubio. El caso es que mi decisión está tomada, voy a hablar con ella y a decirle que no hay sitio para mí en su vida y que tampoco pretendo que aparte otras cosas para hacérmelo.
-Corre anda, no vaya a ser que se te peguen los macarrones. Oye muchas gracias por escucharme Juan, te juro que te llamo pronto y te cuento como ha ido todo. Se me olvidaba, no creo que ella te llame a ti, no tendrá tiempo para hacerlo, pero si lo hace, en honor a las buenas tardes de cañas y pelis que pasamos los cuatro juntos, échame un cable. Un abrazo tío.

A espaldas del joven, oculta totalmente a su vista, una chica se había sentado en otro banco y leía distraídamente una revista de automovilismo. Se levantó cuando dejó de oír hablar al joven y se acercó a él.
-Discúlpame -dijo-. No he podido evitar oírte. A mí una vez me pasó algo parecido a lo que a ti te pasa ahora.
-¿Y qué me pasa, según tú?
-Pues que quieres a una persona, pero notas que se te escapa de las manos como la espuma.
-Puede ser.
-Pues yo creo que buena parte de la culpa de que eso esté sucediendo la tienes tú, como en su día la tuve yo…, pero lo tuyo tiene arreglo, yo perdí a la persona a la que amaba. Sabes, lo recuerdo a diario, era un chico genial, atento, cariñoso, atractivo, era la típica persona que atrae a las chicas, tenía algo especial y yo tuve la suerte de que se fijara en mí. Pero ese algo especial que él tenía, hacía que también se involucrara en muchas cosas, voluntariados, un equipo de fútbol, una cofradía en semana santa, una protectora de animales…, y yo pensé al igual que tú, que no tenía sitio para mí en su vida.

Con el tiempo, y cuando decidí dejarlo, comprendí que estaba equivocada, que lo único que no tenía era seguridad y confianza en mí misma.

Si hubiera tenido seguridad en mí misma, habría comprendido que él me quería a mí como pareja, que es algo independiente a todas sus actividades, si hubiera tenido seguridad en mí, habría entendido que todas sus aficiones, sus gustos, sus manías incluso, ya estaban ahí cuando le conocí y que pretender cambiarlo, habría sido modificar a la persona de la que un día me había enamorado, si hubiera tenido confianza en mí, no habría buscado sitio en su vida, pues al buscar yo ese sitio lo que ponía en evidencia es que era yo quien se estaba excluyendo y más que un sitio como una mera espectadora, habría debido de buscar la forma de compartir junto a él el palco de honor, en definitiva, si hubiera tenido confianza en mí misma, habría creído en las cosas que nos unen y no en las que nos separan.

El whatsapp sonó en el móvil del joven:

“Me han anulado la clase, ¿nos vemos donde siempre?

octubre 14, 2017

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