Neuronas de más

Neuronas de más

Acabo de escuchar en la radio hablar a un psicólogo que me ha dado unas nociones interesantísimas para terminar el año con las ideas más claras. La teoría en cuestión es que muchas veces, nos planteamos porqué los hombres y las mujeres, somos diferentes, dejando aparte cuestiones anatómicas, tenemos, de todos es sabido, reacciones distintas ante hechos similares, comportamientos muy diversos y formas de actuar de lo más variopintas…, y resulta que esto viene dado porque las chicas tenéis 200 millones de neuronas más que nosotros…
Esta diferencia, según decía el buen hombre que ha amenizado mi desayuno, tiene mucho que ver con las ormonas que riegan nuestra sangre, la testosterona se dedica a planear qué hacer el fin de semana, y los estrógenos a gestionar como llegar a fin de mes….
Me voy a centrar en este post en las diferencias más comunes que provocan el exceso de neuronas de nuestras chicas. Vamos a explicarlo con varios ejemplos gráficos basados en hechos reales y comprobados científicamente y si no, a ver quien no se siente identificado con alguno de ellos.
Imaginaos una pareja, los dos tranquilos en su sofá, viendo la última serie de moda. Ante un silencio que ya se ha prolongado más rato de la cuenta, él le pregunta a ella: ¿cariño, qué te pasa? a lo que ella responde. “nada”. De forma inversa, y ante el mismo silencio, es ella la que hace la misma pregunta, obteniendo la misma respuesta.
En la respuesta encontramos la diferencia. El nada del hombre, denota que las neuronas que posee, le dan la posibilidad de ver una serie, hacer zaping, mirar el móvil, pero dejando la mente totalmente en blanco, sin pensar absolutamente en nada y evadiéndose de los problemas y conflictos cotidianos que le hacen la vida más amarga. Por contra, el nada de la mujer, el cual a priori denotaría paz, sosiego y calma, puede ocultar una ciclogénesis explosiva de nefastas consecuencias, ocultándose detrás de él reproches como “ayer no sacaste la basura”, tienes el baño hecho un desastre y siempre tengo yo que ir detrás recogiéndolo todo”, o lo que sería peor, “¿con quién hablas tanto con el whatsapp?”.
Otro gesto significativo que arroja innumerables diferencias podría ser el siguiente:
Imaginaos la misma pareja, en su sofá, con su serie, y todos los ingredientes de una velada pacífica. Al hombre, de repente se le escapa un suspiro Toma aire abundante, llena sus pulmones y lo expulsa diciendo algo así como: aiii. Imaginaos la misma escena, pero siendo la mujer la que inspira, respira y suspira.
Ella a lo mejor está pensando en silencio cosas como “qué harta estoy de todo”, “qué día me espera mañana”, “míralo, que tranquilo está, que nada de lo que me preocupa parece que vaya con él…”. Sin embargo, el suspiro del hombre, podría resumirse en tres palabras: “qué agustito estoy”.
Por último, reseñaría la capacidad que les otorgan a las chicas sus neuronas para almacenar información. Imaginaos la pareja de nuestro ejemplo. Suena el teléfono, lo coge ella, es su mejor amiga, hablan diez minutos. Suena el teléfono, lo coge él, es su mejor amigo y hablan otros diez minutos.
Ella le pregunta: ¿quién te ha llamado? Era mi amigo Juan. ¿Y qué quería? Nada, contarme que su mujer va a tener un niño. A sí, ¡qué alegría! ¿Y de cuanto está? Pues no me lo ha dicho… ¿Y para cuando nacerá? Pues no tengo ni idea. ¿Y como está ella, vomita, se encuentra mal? ¡Y yo qué sé!!!
En cambio, la mujer, sin ni siquiera preguntarle su pareja, le diría: Cariño, me ha llamado mi amiga Loli, que dice que va a tener un niño, contentísima, tuvo la última regla el día 15, con lo que cree que viene para mayo, uff, tauro, cabezón, como su santo padre, dicen que si es niño lo llamarán Andrés, y si es niña Catalina…., que si no nos importa dejarles la cunita de nuestra pequeña, que les vendría muy bien….
En definitiva, que no somos ni peores ni mejores unos que los otros, que somos diferentes y nos complementamos y eso es lo bonito de la vida, que lo que uno o una aporta de más la otra o el otro lo aportan de menos y la suma de dos, si se hace bien, debe dar uno, ese equilibrio que casi siempre funciona y que aveces rompemos por falta de imaginación, respeto o cariño.

David Gámiz

diciembre 21, 2014

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