Mi mejor paseo

David Gámiz

Llevo algún tiempo escribiendo artículos en este blog todos los sábados: lo mismo os hablo de algo que se me ha venido a la cabeza en un momento determinado, u os cuento la última historia que me han contado, variando la identidad de los personajes; pero no suelo hablar de mí, siempre intento dejar esta sección de mi página al servicio de lo que la combinación imaginación + manos + teclado os qieran entregar.

Pero hoy es diferente. En esta ocasión, si que me apetece compartir con todos vosotros algo que me sucedió la semana pasada.

Era sábado; yo amanecía con la resaca de la presentación de mis “Alunizajes” en Priego de Córdoba. Jesús, uno de mis mejores, por no decir el mejor, compañero de fatigas y fiestas, roncaba con tal sonoridad que las paredes de la habitación parecían cobrar vida. Lo desperté con una bulería llamada “presuntuoso”, que dos maestros: Álvaro Rodríguez Arenas y Sergio Molido Ruiz, adaptaron de un soneto que compuse hace unos meses y que interpretaron magistralmente en mi presentación de Málaga.

Cuando salí de la ducha, mi amigo refunfuñaba porque hubiera preferido despertar con ACDC. Yo le ignoré cual político a ciudadano y fui en busca de Sheila, Chemi y Marina, para meternos entre pecho y espalda, una imponente tostada de jamón y aceite fresco en el bar del Adriano.

Aquella mañana, tras desayunar, habíamos quedado para dar un paseo con un buen amigo mío: don Miguel Ángel Galisteo González, dueño de la tienda de souvenirs “Cosas de Priego”, quien me consta, es un enamorado de las calles de nuestra ciudad.

Quedamos en la Fuente del Rey, donde llegamos, Jesús incluído, admirando el aroma y el sabor del aceite prieguense.

Miguel Ángel ya estaba por allí. Nos dijo que iba a intentar enseñarnos nuestra ciudad de la forma más fácil posible: dando un paseo.

Sentados en la Fuente del Rey, amparados por la suavidad sensual del sonido del agua, nuestro anfitrión nos sorprendió a todos sacando una maqueta, tallada por él, del monumento que teníamos ante nosotros.

Marina y yo, ambos ciegos totales, pudimos hacernos una idea de la magnificencia de la Fuente del Rey y sentirnos protagonistas de aquel día, como Neptuno y Anfítrite lo son del monumento.

Bajamos por la calle Río, donde aprendimos que los aldabones de las casas señoriales que adornan la calle, eran un símbolo de poder y clase social entre los moradores de dichas viviendas.

Encontramos con las manos los matices a las rejas de todas las casas por las que pasamos y descubrimos con Miguel Ángel algunos secretos relacionados con  la forja.

Continuó nuestro paseo por la Rivera, donde Miguel Ángel, nos siguió ilustrando magistralmente sobre la historia de Priego.

Llegamos al Castillo, donde nos dispusimos a subir a lo alto de la torre del homenaje, recién restaurada.

El aire soplaba suave y fresco a la vez, incluso un par de gotas nos habían avisado de que podía sorprendernos la lluvia. Nos adentramos en el castillo y al hacerlo, fue como si las agujas del reloj hubieran retrocedido a finales del siglo XIII.

Mil historias acaecidas en las novelas que he leído, se me representaron como si estuvieran ocurriendo a mi lado: de pronto, el prior Philip de Kingsbridge asomó en un caballo, precedido de Aliena y Jack Jackson. Tras ellos, un joven Arnau Estanyol hacía acto de presencia.

Me sorprendí pensando, qué contarían aquellas paredes si pudieran hablar.

Subimos la escalera de caracol que conducía a la torre, la que se iba estrechando a medida que ascendíamos.

Finalmente, llegamos a la cima de la torre, desde donde Priego y la Subbética entera, parecían estar a nuestros pies.

Miguel Ángel volvió a desplegar su conjunto de maquetas, mostrándonos un reducido y a la vez enorme, castillo de Priego, tallado por él con expertas manos.

Descendimos las escaleras y decidimos tomar fuerza con unas biandas del lugar: salmorejo, flamenquines y revuelto de collejas, para posteriormente, concluir el paseo asomándonos al mirador del Adarve y caminando por las calles de la Villa, entre aroma a flores, turrolate y el mejor aceite.

Esto son solo unas líneas, en las que he tratado de plasmar las mil y una sensaciones que viví el pasado sábado; la realidad, no se podría escribir en un artículo y si se pudiera, se llamaría de otra forma, pues me dejo mucho por contar.

Quiero dedicar esta entrada en mi blog, de una forma especial a un grupo de personas, que han tenido mucho que ver en que estos últimos meses, incluyendo las presentaciones de mi libro, hayan sido maravillosas. Vaya por ustedes:

Sheila Fernández Rodrigo: mi ángel de la guarda. Marina Rojas Sepúlveda: la belleza hecha voz. Álvaro Rodríguez Arenas: amigo de los buenos, puro corazón. Sergio Molido Ruiz: el virtuosismo hecho persona. Jose Miguel Díaz Flores: ese amigo que no falla y que todo lo comparte. Francisco José Bermúdez Cañas: quien más veces ha puesto luz a mis ojos. Jesús Alberto Rodríguez Lozano: un gran amigo y referente, de los que ya no quedan.

Y de forma especial, por el paseo que compartió con todos nosotros, por su sensibilidad, vocación y agrado, vaya este post por don Miguel Ángel Galisteo González.

diciembre 1, 2017

  • Estimado David, Sheila, Chemi, Marina y Jesús. Por mi parte un reto, sacar parte de mi obra a dar un paseo y que sea ella la que en tus manos sea la que te enseñe dónde naciste, estudiaste y te criaste, en vuestros ojos, se reflejaba todos y cada uno de los olivos del paisaje por el Adarve. La experiencia de poder situar desde la terraza (para captación de agua) de la Torre Calatrava del Castillo, todo un paisaje en el que situar geográficamente Priego de Córdoba y nuestra peculiar orografía… Sabéis que en realidad todo es posible ” sólo hay que tener los ojos cerrados… y con muchas ganas ” vosotros la mitad ya la traíais realizada, sólo quedaba el resto de la frase en la cual me acople y disfruté. Añadir que como os comenté soy yo quien debe dar las gracias y por cierto recuerdos a la primera perra-guía que disfruta con su dueña de las vistas y vientos de la Torre del Homenaje.

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