La generación Me Gusta

La generación Me Gusta

Hace no mucho leí en un periódico digital a un catedrático de sociología de la Universidad Complutense de Madrid, el que definía a la generación actual comprendida entre los 15 y los 35 años como la generación “me gusta”. Argumentaba para defender esta teoría que hoy, adictos como somos, metámonos todos en el saco y yo el primero, a las tecnologías y a las redes sociales, nos hemos acostumbrado a expresar un sentimiento, normalmente favorable, de algo que nos sucede y que otros comparten en los perfiles de las diversas plataformas sociales que existen, con el simple click en el botón me gusta.
A mi modo de ver, lo primero que esto nos hace es parcos en palabras, porque en cualquier publicación que yo mismo suelo compartir en facebook, por poner un ejemplo, puedo tener una media de diez o doce me gusta, pero raros son los que se paran a escribir un comentario o dejar unas palabras.
En segundo lugar, he podido comprobar, sobre todo con la gente más joven, que muchas veces esto también genera piques y competiciones de todo tipo. Tenemos por ejemplo el grupo de amigos que se hacen fotografías en poses de lo más variopintas y las suben a sus redes sociales con el único fin de ver cual de ellas consigue más aprobación de la parroquia cibernética que a esas horas haya conectada.
Pero hay algo que no me había sucedido hasta ahora y que me lleva a compartir estas líneas con vosotros. Ayer tuve un pequeño accidente con un coche y lo conté en el facebook. Fue una publicación como cualquier otra, pero me ha llamado poderosamente la atención que varios de mis amigos me hayan enviado mensajes privados diciéndome: “no le he querido dar a me gusta”.
Esto puede tener varios matices, puedo optar por pensar que quien pulse me gusta en una noticia mala que yo publique, entiende que creo que a esa persona le gusta que a mí me haya sucedido algo luctuoso. A mi entender, si yo comparto una noticia triste y alguien pulsa me gusta en el facebook, me vendrían más a la cabeza sensaciones positivas como que esa persona empatiza conmigo, entiende mi sufrimiento y me apoya.
Pero pueden darse situaciones en las que esta forma de pensar, no sea la más válida: si un sevillista publica que está triste porque su Sevilla ha perdido la final de cualquier campeonato y un bético pulsa me gusta, ¿qué significará ese me gusta?
En definitiva y sin salirnos demasiado de lo que el catedrático de sociología comentaba, sí que es cierto que estamos muy acostumbrados a hablar poco y expresar menos, es una de tantas paradojas que nos ha dejado la tecnología, como aquello que decía el Chogin en su tema “la odisea “no sé que demonios sucede conmigo, cada vez tengo más contactos en el móvil pero menos amigos”.
Hablemos, que no nos cuesta tanto, y si estas navidades tenemos que decirle a alguien que nos gusta su amistad, que nos gusta sentirlo cerca, que nos gusta saber que está ahí, cojamos el teléfono, pero para hablar, no para mandar un whatsapp, usemos nuestras manos pero para abrazar, no para escribir mensajes, y el corazón, que lata de alegría porque estemos cerca de los que queremos, no porque reunimos cientos de aprobaciones virtuales que el tiempo borrará.

David Gámiz

diciembre 15, 2014

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