La cueva

La Cueva

Abres la puerta, enciendes la luz y pasas, no huele a nada en esa casa que dices tuya pero que no sientes. Enciendes la luz y te hundes más si cabe en el abismo de tus sesenta metros cuadrados; Nadie te había dicho que el infierno tuviera esas dimensiones.

Dejas la escasa compra que has hecho en la encimera de la cocina, no sabes si cenarás, si por ti fuera, te ducharías, te pondrías el pijama y te meterías en la cama con la ilusión de no despertar mañana.

Para colmo, comienzas a notar las molestias del período, que intuyes comenzará pronto.

Sacando fuerzas del interior de tus cimientos logras meterte en la ducha. El agua atenúa levemente la sensación de desazón que te acompaña en las últimas semanas y te evade a otro tiempo, donde los problemas eran otros, más llevaderos y pasajeros que los actuales.

Te parece escuchar algo en la habitación, quizás algún amigo te esté llamando para intentarte animar; no te interesa y vuelves a sumergirte en el oasis que ha sido para ti la ducha.

De regreso en tu cuarto, ya con el pijama puesto, la luz del teléfono te avisa insistente de que tienes un par de notificaciones.

Tu amiga Paula te invita a una exposición de arte contemporáneo que visita la ciudad este fin de semana. Te anima a ir con ella y después, a tapear algo en un sitio que acaba de abrir cerca del museo y que todo el mundo dice que está genial.

Te da pereza hasta responderle, tu catálogo de excusas se está quedando sin repertorio.

Lo dejas para luego y miras la otra notificación:

“El viernes me paso a recoger las cuatro cosas que me quedan, abro con mi llave y te la dejo en la entrada cuando me vaya. Iré a las siete”.

-Qué ilusa he sido –piensas-. Aún soñaba con un mensaje diferente, en el que él había reconsiderado lo que me dijo, que todo había sido fruto de la impulsividad y un enfado momentáneo y que le encantaría retomar la relación.
Analiza las dos notificaciones y un clic se activa en su cerebro: Paula me quiere llevar a una exposición el viernes, Sergio recoger sus cosas a la misma hora: ¿habrán hablado y estarán compinchados para que él venga al piso y ni siquiera me vea? ¿Habrá algo detrás de esa colaboración? ¿Estarán liados?

Al día siguiente, acudes a la consulta de tu psicóloga y le cuentas los pensamientos que te han impedido dormir a tenor de las dos notificaciones.

-No te habla la psicóloga, te habla la amiga –le dijo-. Hace algún tiempo, a mí me sucedió algo similar. Verás, yo te puedo dar mi diagnóstico clínico, hacer contigo ejercicios para evitar la ansiedad que se te pueda ocasionar esos días y mil cosas, pero de esa cueva a la que te han llevado tu cabeza, solo puedes salir tú.

Hace un tiempo, yo comencé a salir con un chico y desde el primer día, sospeché que entre él y una compañera de trabajo, había algo más que una estrecha amistad.

Ellos juraban y perjuraban que no, pero al final, mis sospechas se confirmaron y él decidió interrumpir su relación conmigo para comenzar otra con su compañera de trabajo.

Me hice mucho daño, ya que me dediqué a devaluar mi ya de por sí maltrecho estado de ánimo, con frases como: “no voy a volver a encontrar a alguien como él”, “yo se lo he dado todo y mira como me lo paga”….

Es difícil, pero la solución pasa por aceptar, lo más maravilloso que tenemos es la libertad y yo, aunque me dolió, terminé por respetar que él no quería estar conmigo y que de haberlo estado, aquello habría sido un infierno.

Un día, los vi pasar por la calle y de corazón les pedí disculpas y les dije que me alegraba infinitamente el poder verlos bien.

Sé que esto no es lo normal, pero desde ese día, incluso hemos quedado los tres en más de una ocasión para tomar café o para visitar cualquier ciudad cercana.

¿Por qué te digo esto?

Porque por más que tú te empeñes en dañarte, e incluso en iniciar una actividad detectivesca a fin de cerciorarte de que ellos están juntos, para seguir torturándote agusto en tu cueva, eso no va a cambiar el devenir del destino y si los dos quieren estar juntos, lo van a estar, siendo tú la única perdedora en ese juego, puesto que te guste o no, ya no formas parte de la vida de Sergio como pareja.

Sales de la clínica, piensas en lo que tu amiga y psicóloga en ocasiones, te ha dicho. Te detienes cerca de un escaparate donde tras mucho tiempo, un vestido ha captado tu atención.

Miras las dos notificaciones, y te das el gusto de responder a las dos que sí, iniciando de esa forma, tu nueva etapa, la que no ignoras que te costará trabajo poner en marcha y que incluso nadie te asegura que vaya a tener un final satisfactorio, pero te ilusiona, porque has decidido iniciarla tú, para seguir tus pasos, te lleven donde te lleven…

noviembre 4, 2017

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