La carta

La carta

Hola papá. Disculpa que haya tardado tanto tiempo en venir a verte, pero ando muy liada en la facultad, quiero por todos los medios quitarme las dos anuales que el año pasado no logré aprobar en septiembre, porque la matrícula de esas asignaturas me ha supuesto un dineral y si las apruebo ahora no las tengo que seguir pagando hasta junio.
Verás, esta vez he venido también ha pedirte perdón, porque he faltado a una de las normas que tú me dijiste que eran sagradas, y ahora por las noches no puedo dormir, me corroe la conciencia el pensar que tú puedas estar enfadado conmigo.
Fue cuando mamá tuvo el accidente, estuvo unos días hospitalizada y yo me quedé sola en casa, pues en una de aquellas interminables veladas en las que no podía conciliar el sueño, me dio por buscar en el cuarto de mamá…, te juro que no sé que buscaba, no buscaba nada en particular, pero en el último cajón de su mesita de noche, bien oculto en el fondo, había una pequeña cajita de madera forrada de lazos rojos. La cogí, a sabiendas de que ninguno de los dos aprobaríais aquella acción, y en el interior del cofrecillo encontré una llave entristecida por el tiempo y el desuso.
Pensé en dejarla allí, pero aquella noche estaba de dios que yo descubriera algunas cosas y se me ocurrió que quizás aquella llave abriera la cajita fuerte que mamá siempre había guardado en su cómoda y la que nunca dejaba que yo tocara. Con pasos temblorosos, abrí la cómoda y allí estaba la caja fuerte, como guardián de un secreto que tú nunca quisiste contarme.
La llave encajó en la cerradura y giró tres vueltas hasta que la tapa de la caja se desprendió.
En el interior como tú bien sabrás, encontré las cartas que mamá y tú os escribíais a inicios de los noventa, leí todas y cada una de las poesías que le enviaste, todavía conservaba el tique de aquella cena en el restaurante en el que le pediste matrimonio e incluso el poema que le leíste aquella noche…, lo leí todo papá…
Lo que no sé si sabes que mamá guardaba allí es un diario en el que fue anotando todo lo que le sucedió entre 1990 y prácticamente la fecha actual. Sé que hice mal en leerlo papá, incluso te prometo que pensé al cogerlo llevárselo a ella al hospital al día siguiente para que lo continuara escribiendo, pero no pude hacerlo.
Papá, ahora entiendo tus ataques de ira, tus cambios de humor, todo lo que te sucedía, papá…, ¡qué injusta fui contigo!
Ahora sé que en 2001, cuando yo contaba con 6 años ella conoció en el hospital a Jesús, aquel psiquiatra que a todas volvía locas por su cuerpo y por su labia, ahora sé que a las pocas semanas comenzaron a verse y que ella buscaba excusas, cenas, seminarios, para estar fuera de casa y pasar el máximo tiempo al lado de él, ahora sé que tú comenzaste a sospechar y que ella lo notó, también sé como entre los dos comenzaron a ponerte una medicación en tus infusiones al principio, en las comidas, cada vez con más intensidad, tú no te dabas cuenta, pero pasaste de ser un hombre afable, tranquilo, servicial…, a una persona intolerable, insensible, irritable…
Llegar a casa era un infierno, mamá me decía que teníamos que ser comprensivos contigo, porque estabas pasando una mala racha pero que teníamos que apoyarte, y por otro lado te incrementaba las dosis del veneno que un 20 de noviembre, te llevó a la tumba.
Ahora entiendo porqué se dio tanta prisa en la ceremonia, porqué te incineró y tiró tus cenizas a esta playa apartada de todo y de todos, argumentando que así era tu deseo y que se lo habías hecho saber en muchas ocasiones.
Perdóname papá, yo era muy pequeña y no me pude dar cuenta de nada, aunque algo dentro de mí me ha hecho durante este tiempo sospechar que algo había tras tu muerte y que no era todo como me lo habían contado…
Perdóname papá si alguna vez he pensado mal de ti y sobre todo, perdóname, por haber cogido esta mañana un frasco del mismo veneno con el que te envenenaron a ti y disolverlo en la tetera de la que han desayunado mamá y ese hombre al que pretendía que llamara papá, perdóname por haberlos visto morir y en vez de auxiliarlos, venir aquí a compartir mi secreto contigo…

David Gámiz

noviembre 23, 2014

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