Infancias robadas

No paran de sorprenderme las noticias que leo en los periódicos o escucho en la radio a diario, no hacen más que refrendar una hipótesis que le oí a un profesor jubilado en el autobús, que decía algo así como que al mundo le viene grande el siglo actual.
Hoy amanecimos con la muerte de la duquesa de Alba, la pérdida de valor de las acciones del BBVA en la bolsa, lo que arrastró a todo el selectivo español, continuando con que el SR. Mesi se siente defraudado con la directiva que le paga. Bueno, creo recordar que a Cristiano hace algún tiempo también le dio un brote psicótico de estos de tristeza, depresión que creo recordar se le curó a base de talonario.
Pero si hay una noticia que hoy ha llamado mi atención de forma alarmante, es que en la celebración del día de la infancia, se ha puesto en evidencia que cada vez son más los profesores que denuncian acosos y maltratos por padres de los alumnos a los que imparten clases, sobre todo en primaria.
La otra tarde, asistí en Antequera a una magistral conferencia del juez Calatayud, sin saber yo que poco después iba a tener ante mis ojos una noticia que evidenciara lo que él tan claramente nos expuso, y es la total falta de autoridad que los niños ven en sus casas, lo que les ocasiona el carecer de ella también en las aulas y no solo eso, el ir a sus padres con comentarios como “el profesor me tiene manía”, o similares, lo que altera las neuronas de padres y madres, abducidos todavía por aquella que un día dijera eso de “yo por mi hija mato”, y allá que van, con el puño por delante, sin atender a las razones que el docente pueda llegar a argumentar en su favor.
Los que leáis esto y andéis por los taitantos como yo, quizás recordéis con cariño y nostalgia, cuando los niños alborotábamos en las clases de los ochenta, y era cuando el profesor se ausentaba por algo, me acuerdo de las guerras de papelillos e incluso de partidos de fútbol clandestinos en clase, pero cuando el profesor volvía, allí no se escuchaba una mosca, y si a alguno de nosotros se nos ocurría decirle a nuestros padres: “el maestro, que antes los llamábamos así, me ha castigado”, era nuestro padre o madre el que primero decía: algo habrás hecho niño, y luego preguntaba…
De todo eso, como os digo, nos habló el juez Calatayud, con muchísima más brillantez de la que estoy poniendo yo en estas palabras, pero la preocupación, venía a ser la misma, una sociedad que camina sin saber adónde, con niños que no juegan al balón porque prefieren divertirse con sus tablets, pequeños a los que robamos sus infancias haciéndoles creer que son mayores y vestigios de un pasado que no es que fuera mejor, pero que quizás sí que tenía cosas buenas que se andan perdiendo.
El equilibrio como en todo, es la solución, y con lo bueno de antaño y lo bueno de ahora, podremos construir un buen futuro.
David Gámiz

noviembre 20, 2014

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