Imposible

David Gámiz

Hay muchas cosas imposibles en la vida: no se puede echar el tiempo hacia atrás, ni habría forma de habitar este planeta si el sol dejara de emitir luz y calor. No se podría vivir sin agua y sin amor y no creo posible que se movieran las cosas sin la voluntad de quien quiera que desee moverlas.

A tenor de esta última imposibilidad, he pensado mucho estos días y he hallado otra cuestión que considero imposible en estos tiempos que corren: no se puede acometer una acción y pretender que todo el mundo quede contento por la misma.

Hace un par de noches, comencé a leer en Facebook mensajes de apoyo y críticas a una decisión que se tomó en mi pueblo, Priego de Córdoba, en relación con la cabalgata de reyes.

Tal decisión fue adelantar la celebración de la cabalgata un día, y realizarla el 4 de enero. Los motivos: principalmente, la previsión de lluvias en la localidad para la tarde del día 5, el no privar de una celebración tan esperada a los niños pudiéndose evitar o la sensación de tristeza de todos los que habían organizado carrozas, al ver que el trabajo de tanto tiempo podía no dar su fruto.

Entiendo ambas vertientes de opinión: por un lado, los más tradicionales, ven esta modificación como un agravio a las tradiciones y a la fiesta, argumentando inconvenientes como que con el cambio, uno ya no sabe ni que día ha de entregar los regalos a los familiares y amigos o qué día se les dice a los niños que sus majestades han entrado por las ventanas o chimeneas para llenar la casa de ilusión. No menos importante es la queja de los comerciantes del pueblo, quienes ya se ven bastante afectados por las masivas compras realizadas en tiendas online como Amazon, para que encima se les quite un día de negocio.

De otro lado, se encuentran quienes entienden que lo importante no es la fecha, sino la ilusión puesta por los niños en la celebración, o como decíamos antes, los responsables de algunas de las carrozas que participan en el desfile, que no entienden que pudiéndose solventar la cuestión adelantando la cabalgata un día, no se tome esta medida, pues son muchas las horas y las ilusiones puestas en la noche de reyes.

Lo peor del tema, como casi siempre, la política, pues ya se le están poniendo nombre y apellidos a decisiones que se toman en el pueblo y que a mi modo de ver, repercuten en un colectivo que a día de hoy, es el único que puede presumir de tener la conciencia y el corazón limpios, como son los niños.

Yo asistí el día 4 a la cabalgata: había mucha gente en las calles, se escuchaban comentarios como que las carrozas este año eran muy bonitas y sobre todo, se oían risas de niños.

Siempre habrá quien siga entendiendo esta modificación como una aberración o un contratiempo, pero yo soy más de pensar que bien está lo que bien acaba. La mañana del día 5, que salí a comprar unos regalos de última hora, encontré buen ambiente en los comercios, pues entre los rezagados como yo y los cambios y devoluciones, que siempre suceden tras estas fechas, las tiendas no se veían vacías.

Creo que en este tema, si bien no ha quedado todo el mundo satisfecho, al menos los niños que vieron la cabalgata sí que la disfrutaron y con eso deberíamos quedarnos.

enero 6, 2018

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *