Etapas

Se aproxima septiembre, el olor a libros nuevos, los coleccionables por fascículos, el inicio de la liga y la vuelta al cole.
Poco después, llegará el otoño, con su aroma a nostalgia y las hojas cubriendo las calles, con los anocheceres tempranos y las melancolías en alerta.
Son etapas, como las de una gran carrera ciclista, debemos llegar a la meta con buenos resultados para sentirnos, en primer lugar, satisfechos con nosotros mismos y con el trabajo realizado.
Pero en ocasiones nos cuesta: el hecho de pasar de una etapa a otra puede ser traumático en ocasiones, casi siempre debido a la añoranza que provoca la etapa que se deja o la continua pregunta que nos formulamos hasta reventar: ¿podría haberlo hecho mejor si hubiera actuado de otra forma?
Nos cuestan los cambios, asumirlos nos genera mucha inseguridad y miedo en ocasiones, hasta tal punto que a veces quien tiene que acometerlos, se enfrenta a depresiones y otras patologías similares ante su impotencia a la hora de asumir las nuevas circunstancias.
Yo que he vivido situaciones como las que describo en los últimos años, me imaginaba siempre el proceso del cambio como un largo túnel en el que había dos puertas: la primera, la abrimos para internarnos en el túnel y con ella dejamos atrás una determinada situación que va a modificarse en nuestras circunstancias vitales. Tras recorrer el túnel, llegamos a la puerta a la que debemos entrar y tras la que se encuentra el cambio, lo nuevo, eso que nos impide dormir por las noches y nos sumerge en una amalgama de pensamientos inconexos y de escaso sentido donde cualquier decisión o actuación por nuestra parte, nos parece lamentable, dejándonos como una piltrafa la autoestima.
Todo comienza a mejorar cuando nos atrevemos a abrir esa puerta a la que nos enfrentamos. Muchas veces sucede, que la intentamos abrir y es como si estuviera atascada, como si hubiera algo que impidiera activar el mecanismo de apertura. Esto nos hace cuestionarnos si alguna vez seremos capaces de dar el paso.
El truco para que la puerta ceda y se muestre a nosotros aquello que el destino nos tiene preparado, radica en que debemos cerrar antes la puerta de la que salimos, la que por despiste, casi siempre nos dejamos abierta.
Lo que está claro es que las dos puertas no pueden coincidir abiertas al mismo tiempo, la dirección nos la tenemos que marcar nosotros y ha de ser únicamente una.
Ahora toca cerrar puertas, atravesar el túnel que nos llevará a septiembre, iniciar el otoño con la motivación de que nos traerá oportunidades y no con la desazón que puede ocasionar el creer que no lo hicimos bien en la anterior etapa.
Mira en tu interior y respóndete de forma sincera a estas preguntas: ¿cuando te miras al espejo te reconoces en quien eres? ¿Estás recorriendo el camino que quieres recorrer? ¿Te aportan lo que necesitas las personas que te acompañan en tu viaje?
Esas preguntas te ayudarán a cerrar puertas del pasado y sus respuestas te permitirán avanzar hacia el futuro que tú elijas.

agosto 16, 2017

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