Errores

Errores

Marcos lo ha vuelto a hacer: se ha despertado un sábado formulándose la pregunta de siempre, la que al principio le agradaba plantearse, mas con el paso del tiempo, le incomoda y hastía:

¿Y esta tía quién es?

A su lado, una chica desgrana los últimos sueños de una noche otoñal.
Marcos no recuerda si era rubia, morena, alta, baja…, tanto daba, echa la vista atrás y se reconoce en uno de los muchos bares de copas que tiñen a Málaga de un espeso aroma a historias de una noche.

A lo mejor se acercó a ella con la excusa de pedirle un cigarro, pudiera ser que la chica se fijara en su forma de bailar, cuidada y medida hasta el extremo y alejada de los patos mareados que eran los demás parroquianos de la discoteca.

Marcos se sabe atractivo, simpático, encantador si se pone y sabe que ha logrado muchas de sus conquistas con la perfecta unión de las cualidades con las que ha sido bendecido.

Pero en los últimos sábados, algo no va bien: despierta acompañado, con la imperiosa necesidad de estar solo, los besos han dejado de transmitir placer, para tornarse en algo parecido a la acidez de alma, ese momento en que se escurre de una cama, se ducha y se va sin dejar huella, que antes le parecía incluso romántico, ahora le produce una enorme pereza.

Se imagina despertando en su habitación sin compañía, dándose una ducha y bajando al bar de Verónica a tomar un café y una tostada leyendo sin prisa el periódico.

La chica abre los ojos. Lo mira, sonríe, se da la vuelta para rozar la espalda de Marcos con su pecho y le susurra algo al oído a lo que él no presta atención.

Responde con un ligero movimiento de la cabeza y se separa de la chica tras dejar un infantil beso en su cabeza.

-Voy a la ducha –dice desperezándose-.

Cuando regresa, siente una extraña mezcla entre alivio y desazón al ver que ella ha recogido sus cosas y se ha marchado, dejándole una nota bajo la almohada:

“No estuvo mal lo de anoche”.

Se viste y baja al bar, donde apenas un par de clientes desayunan.

Mientras ojea la sección de deportes del diario, se imagina comentando las noticias con la chica que acaba de salir de su casa, riéndose con ella de los chistes gráficos o eligiendo una película para ver esa tarde en el cine.

Se pregunta mientras paga a Verónica, si alguna vez será capaz de equilibrar sus ideas y sentirse cómodo con el momento, sin imaginar cómo se hallaría en otras circunstancias.

-¿Cuando te vas a echar una novia picha brava? –Le pregunta sonriente la camarera, dándole el cambio-.

-Cuando no me dé miedo cometer errores –responde él, dejando el cambio como propina y dirigiéndose a la calle, sonriente y preocupado a la vez.

noviembre 11, 2017

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