En tu fiesta me colé

Esta mañana, alguien que sigue mis publicaciones en facebook y en este blog, me hacía una pregunta:
¿Oye David, y qué tiene que tener un libro para que venda?
-Creo que no soy el más indicado para contestar a esa pregunta -le respondí-. Yo tengo un libro publicado y no es ningún secreto que no ha sido un best-seller, entre otras cosas porque no nació para eso. Desde mi humilde opinión, un libro ha de tener una trama que atrape al lector desde el inicio, unos personajes bien definidos, algún giro inesperado que despiste a quien esté leyendo,, un poco de morbo o situaciones que inciten a pensamientos traviesos…, y por supuesto, un editor que al leerlo, apueste por quien lo escribe.
Ahí terminó nuestra conversación, pero aquí servidor, inquieto por naturaleza, le dio varias vueltas en la cabeza a la cuestión y reparé en un detalle en el que no había caído al responder la pregunta.
¿Os habéis parado alguna vez a pensar en cómo son los protagonistas de los libros que leéis? Más allá de su carácter, su personalidad, sus virtudes, sus defectos…, ¿No os parece que muchos de los personajes que pueblan los libros están cortados por un patrón que no es del todo real? Y me explico: es difícil encontrar un best-seller en el que quien protagoniza el libro, no tenga unos rasgos físicos realmente agraciados, en la mayoría de los casos, también gozan de una buena solvencia económica, de trabajos con elevadas responsabilidades y de vidas, a priori, mucho más interesantes que las nuestras.
¿Os imagináis que el protagonista de las cincuenta sombras fuera un tipo bajito, calvo y con barriga cervecera?
¿Influiría en las elevadas ventas de la saga “canción de hielo y fuego” el que Daeneris fuera rechoncha y desgarbada?
No es solo en la literatura donde esa supuesta perfección de los protagonistas es una tónica común: en el cine o el teatro, en la música o la poesía…
A mi parecer, está genial que los creadores de cualquier obra muestren a sus personajes con unos determinados rasgos, el problema es que son precisamente esos rasgos, los que excluyen a una gran mayoría de los mortales, porque si bien todos albergamos en nuestro interior unas determinadas cualidades o venimos con innumerables defectos de fábrica, la cuestión del físico, el estatus social o la posición económica está al alcance de muy pocos.
Me viene a la mente una canción de Ricardo Arjona, llamada “la mujer que no soñé”, que es la antítesis de la chica que protagoniza canciones normalmente y ¿sabéis que pienso? Que ellas también tienen derecho.
Será por todo esto que siempre que trato de dar vida a un personaje, lo imagino de todo menos perfecto, lo intento situar fuera de la gran gama de estereotipos establecidos por la sociedad para ser un triunfador y sobre todo, les doy la oportunidad de vivir eternamente encerrados en unas páginas a criaturas que a lo mejor, de otra forma, se quedaban para siempre vagando en el limbo de las palabras.
Así que, como el protagonista de la canción de Mecano que se colaba en una fiesta a la que nadie lo había invitado, yo trato de acomodar de la mejor forma posible en el escenario de la sociedad actual a los que, probablemente, siempre sean los olvidados.
Eso encontraréis en “Alunizajes”, al que por cierto ya están maquetando y vistiendo de gala para el próximo noviembre, cuando os lo presentaré.
Así que, si buscas historias de ficción con personajes que podrían ser realidad, quizás encuentres entre sus páginas la respuesta a muchas preguntas…
David Gámiz

junio 6, 2017

Etiquetas: , , , ,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *