El trofeo

Seguramente te habrá pasado que en ocasiones, llegas a casa tras tu rutina diaria y por cualquier causa, sientes que todo te viene grande: el trabajo, el cuidado de los hijos, tus relaciones con los demás, las facturas que se acumulan…, cualquier cosa que en situaciones normales gestionas dedicándole el mínimo tiempo posible y volcándote en quienes de verdad se lo merecen, hace que en días como los que describo, hagan de un grano de arena un océano completo.
Tuve un profesor en la facultad que nos hablaba mucho de esos días, días en los que no nos recomendaba ni tomar decisiones, ni dar respuestas, ni hacer promesas, ni entrar en polémicas ni discusiones con nadie ni aceptar negocios. Por contra, nos solía decir que la acumulación progresiva en nuestras vidas de días como esos, generaba inseguridad, ansiedad, malestar, irritabilidad y tensiones innecesarias con nuestros seres queridos que podían acabar en una bronca sin importancia o si la cosa se agravaba, en otras cuestiones de carácter irreversible y de más difícil solución.
Para no llegar a estos extremos, nos hacía una recomendación:
“Cada día que te encuentres así, me decía, coge una copa, la más bella que tengas en tu casa, ponla ante ti y álzala diciendo: hoy me merezco un trofeo. Date una explicación de porqué te entregas el premio en este día, busca en tu interior algo positivo que hayas hecho a lo largo de la jornada, que seguro que lo hay, a lo mejor has tenido un día duro en el trabajo, pero en el intervalo que va entre que te levantaste y volviste a casa, has ayudado a un compañero a que su día sea más llevadero, quizás has visto a alguien necesitado en la calle y le has dado un poco de comida, tal vez un amigo te haya pedido un consejo y le has regalado unas palabras de aliento o simplemente le has prestado tu hombro para que de forma sincera derrame en él esas lágrimas que le corroían el alma, quizás hoy le hayas dedicado a tu hijo esa sonrisa que le debías, tal vez hoy hayas pedido ese perdón que sabes que tenías pendiente…
Busca lo bueno que has hecho, y date el trofeo por eso. A continuación, apunta en un papel el día, y el motivo por el que te has hecho acreedor del trofeo. Así todos los días, y cuando te encuentres mal, repasa la lista de los trofeos que atesoras, verás que no hay motivo para que ese océano que has hecho de un grano de arena sea tan grande y entenderás así que tienes que volver a dedicar tu tiempo a las cosas y a las personas que se lo merecen, no a las preocupaciones que con cada segundo que te están robando, hacen de ti una persona más infeliz”.
Mira en tu interior y piensa porqué te has ganado hoy tu trofeo. Yo ya he anotado porqué he logrado el mío. Espero que tú lo hagas también.
David Gámiz

abril 25, 2017

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