El mundo gira

Un niño camina por la calle de la mano de su padre. Pasan por delante de un quiosco de prensa donde los periódicos hablan de la muerte del pequeño Gabriel Cruz.

-Papá, susurra el niño con un hilo de voz-. ¿Marta no me hará a mí lo mismo que Ana Julia a Gabriel verdad?

El padre se horroriza del efecto que la noticia causa en su hijo de nueve años y de que se plantee, aunque sea por un solo segundo que su pareja actual, vaya a agredirle.

-No cariño –responde sereno-. Yo no dejaría que nada te sucediera además, tú sabes que Marta te quiere mucho…

Tras comprar un periódico y una revista de comics, padre e hijo se dirigen a una cafetería para comer algo. El hijo hace ver al padre que no lejos de ellos, en la barra, un hombre apura con ansia los vasos de un licor ambarino que el camarero le sirve.

Al bebedor, le han ido con el chisme en la hora del desayuno: parece que la empresa va a despedir al 30% de la plantilla y los empleados más nuevos, como es su caso, tienen todas las papeletas de ser los elegidos.

Ha pensado en su hipoteca, en el préstamo que pidió para el coche, en su mujer e hijos y no ha encontrado otra solución que el alcohol para evadirse de sus problemas.

Al otro lado de la barra, dos hombres discuten acaloradamente, uno piensa que en España el empleo es una basura y que los derechos de los trabajadores cada vez se ven más pisoteados por una clase política conservadora y retrógrada, que solo piensa en llenar su bolsillo a costa del ciudadano. El otro, airado, le responde que no tiene ni idea, que estamos en un país que podría funcionar maravillosamente, pero que con tanta subvención y ayuda, España se está convirtiendo en un nido de parásitos. Afirma que quien quiere trabajar aquí, lo hace, y quien quiere rascarse los huevos, también, y no pasa nada. Ambos hombres blanden como si fueran espadas, sendos periódicos con noticias que afirman sus teorías.

El camarero, ajeno a las conversaciones de los parroquianos, entra en facebook, preguntándose si él será uno de los millones de usuarios cuyos datos ha utilizado esta red social para lucrarse.

Y así sigue girando el mundo, con la inmensa paradoja de que ahora que es cuando más informados podemos estar, menos comunicación se da entre las personas o más se malinterpretan los hechos en función de lo que conviene a quien los cuenta.

Así luego pasan estas cosas, que los niños se asustan, los padres se asombran, los empleados temen y los usuarios de redes sociales, acuden impasibles a la subasta de sus datos, sin obtener beneficio alguno en la puja.

Es lo de siempre: quien tiene la información, tiene el poder y quien tiene el poder, sea del signo que sea, abusa del mismo.

 

marzo 23, 2018

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