El efecto Pigmalión

Dicen que si uno pone mucha fé en que algo suceda, creyendo verdaderamente en que el hecho en cuestión va a hacerse realidad, hay muchas posibilidades de que así sea, a este fenómeno lo llaman el efecto Pigmalión, lo que tiene su origen en la mitología griega, ya que el escultor del mismo nombre que el efecto, se enamoró de galatea, una de sus creaciones y comenzó a tratarla con el cariño que podría tratar a una mujer, creyendo incluso que tenía vida. Tanto creía en este hecho y tantos cuidados ponía en Galatea, que la diosa Afrodita, conmovida por este hecho, tras una noche de sueños perturbados de Pigmalión con su obra, hizo realidad lo que el escultor tanto había imaginado y Galatea cobró vida.
Este hecho, puede ser un acicate para conseguir nuestros logros. Alguien puede creer que va a lograr ser mejor persona, mejor pareja, mejor amigo, que va a lograr un ascenso laboral, o incluso ese trabajo que ahora no tiene, y con toda seguridad es más probable que todas esas espectativas se vean cumplidas si la persona que las imagina crea escenarios positivos donde sus metas están cumplidas y la vida que tiene es la que siempre quiso tener.
Pero yo me pregunto, que sucedería si una persona cae en un estado de desánimo continuo, creyendo aunque no tenga motivos para hacerlo que nada de lo que hace está bien, que su puesto de trabajo corre peligro, que su relación pasa por malos momentos, que no es importante para las personas que le rodean o infinidad de pensamientos negativos que pueden pasar por la cabeza de alguien que no esté en su mejor momento.
Con toda probabilidad, un demonio disfrazado de Afrodita hace realidad las ideas infundadas de estos sujetos y les precipita en una caída libre con difícil solución.
Con esta pequeña reflexión con la que termino la semana, quiero hacerte ver la importancia que tiene el hecho de como nos vemos ante nosotros mismos, la imagen que ahora, dentro de un rato, cuando te metas en la cama y estés en esos minutos que preceden al sueño, proyectas de ti mismo y lo fundamental que es que dicha imagen no se distorsione en la medida de lo posible, pues si lo pintamos todo de un color demasiado claro, a lo mejor perdemos las referencias y luego sucede que el color de la realidad no es el de la imagen, provocando este hecho decepción y tristeza, por contra, si sesgamos nuestra imagen hacia el lado más oscuro, podemos caer sin remedio como comentábamos en un pozo del que quizás no haya forma de salir por más que nos ayuden. El equilibrio suele ser la solución, aunque yo añadiría que tener la imagen clara de donde estamos, hacia donde queremos ir, qué queremos llegar a ser y como podemos conseguirlo, hará que la Afrodita que nos guíe sea la misma que en su día, hizo afortunado a Pigmalión.

David Gámiz

octubre 26, 2014

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