El día que el Amor recuperó la vista

He recuperado la vista; sí, así, como lo oyen, no sé si habrá sido un cirujano de última generación o un milagro del altísimo, el caso es que hace algún tiempo, salí a la calle con mi bastón blanco y ¡zas! ¡Pude ver cuanto me rodeaba!
Imagínense, en casa todos contentísimos, mi abuela Felicidad sacó el vino caro para brindar y ¡cogimos una buena borrachera!
Perdonen la descortesía, pero ni siquiera me he presentado. Son los nervios, ¡cada vez que hablo de esto, me entran las siete cosas!
Mi nombre es Amor, y desde el inicio de los tiempos, mi labor ha sido intentar que las personas se quieran, cuiden y respeten, para lograr así llenar de felicidad las casas y los corazones.
La locura siempre fue mi guía, desde aquel día que los sentimientos del hombre nos reunimos y jugamos al escondite y ella, me dejó sin visión al clavarme accidentalmente en los ojos las espinas del rosal en el que me había escondido.
Por eso, como yo siempre supe que ella tenía ese cargo de conciencia por lo que pasó y me había hecho de guía durante tantos años, cuando recobré la visión, la envié de vacaciones indefinidas a cualquier lugar del mundo.
El contarles la sensación de vértigo y a la vez felicidad que sentí la primera vez que salí a la calle solo, me llevaría mucho rato y no quiero entretenerles más de la cuenta. El caso es que comencé a andar por la ciudad en busca de alguien en quien poder insuflar mi maravillosa magia.
Lo primero que vi fue a una chica sola sentada en el banco de un parque. Daba la sensación de que estaba triste y alicaída y que se sentía realmente mal.
Con mis maravillosos poderes y mi vista recién estrenada, vi que lo que la hacía sufrir era la desazón que la invadía, pues estaba enamorada de un chico y temía ser rechazada por él si le mostraba sus sentimientos.
Decidí acompañarla para darle la fuerza necesaria, pero cuando vi al chico cambié de opinión: era bajito, rechoncho y vestía de forma estrafalaria. NO me percaté de que tenía una voz preciosa, ni de que tocaba la guitarra con tal virtuosismo que hasta las rosas del parque le prestaban atención. Me instalé en la cabeza de la chica y la logré convencer de que aquel tipo no era lo que necesitaba, comprometiéndome por mi parte en hacerla encontrar a alguien más acorde a su belleza.
Así me pasó con una viejecilla que visité en un asilo y a la que convencí de que el abuelo desdentado y calvo por el que bebía los vientos era un adefesio y que ella se merecía a un auténtico señor.
En mi primera semana y valiéndome de mi recién estrenada capacidad, puse todo el sentido común que fui capaz en el mundo, reuní a las parejas que entendí afines y me ocupé de que las cosas siguieran un orden lógico y natural.
La locura volvió de sus vacaciones. Me dijo que había estado en un lugar maravilloso llamado España y que, en solo una semana, había conseguido que los habitantes de ese país, perdieran la cabeza y corrieran como locos sin sentido, en busca de algo de cordura.
Me preguntó si quería que me acompañara en alguna misión más, y le dije que no, que, con mis ojos en forma, yo sería capaz de repartir todo el amor que la humanidad necesitaba. Ella, me agradeció todos los buenos momentos que habíamos pasado juntos y se fue a otros países a instalar el caos y el desorden.
Poco después de aquello, recibí una queja de todas las hadas de los cuentos, las que me transmitieron su preocupación porque de un tiempo a esta parte, los príncipes azules mostraban un cierto desinterés por las princesas y éstas, a su vez, despachaban a cualquiera que osara perturbar su acomodada vida. Me recomendaban usar más el corazón, como en mi anterior etapa y volver a generar algo de ilusión en los protagonistas de las fábulas y cuentos.
A mí aquella crítica me pareció una total desfachatez y seguí con mi tarea.
Conseguí inculcar en la gente la idea de que el tiempo era algo realmente útil y que no valía la pena desperdiciarlo en cortejos ni en demás técnicas, a mi modo de ver, anticuadas para llegar al amor, puesto que, con un simple vistazo, uno podía saber cuánto podría amar y dejarse amar por la persona observada.
Me colé en las discotecas y zonas de ocio habituales para los jóvenes, en los pubs de moda, las playas y los parques y conseguí hacer ver a las personas cual era el verdadero modo de llegar al amor.
MI último gran éxito fue incluirme en esto que han inventado los humanos y a lo que llaman tecnología, y donde con un simple click, podemos abrir o cerrar la puerta al amor.
Tan feliz estaba, que acudí a ver a dios para pedirle un aumento de sueldo y unas merecidas vacaciones, ya que la locura no paraba de enviarme postales de su último destino, un país enorme llamado Estados Unidos en el que, según cuenta, se está divirtiendo una barbaridad.
Figúrense, yo que jamás le había pedido a Dios una audiencia, estaba realmente nervioso cuando me recibió.
Un grupo de ángeles me escoltaron hasta su despacho donde me recibió por fin ayer.
En otro episodio les hablaré del despacho de Dios, y de un modelo de iPhone que han creado allí en el cielo entre él y Steve Jobs, pero prefiero centrarme en esta ocasión en contarles lo que me dijo, cuando estuve sentado frente a él en aquella celestial estancia:
-Hijo mío. He estado contemplando tus últimos logros en la tierra y te he de decir que estoy muy desconcertado. Con tus revolucionarias técnicas, has conseguido que el fin para el que fuiste creado haya pasado a un casi insignificante segundo plano. Te voy a dar un ejemplo. Hace cincuenta años, un 80% de la población mundial decía tu nombre o demostraba amor una o más veces al día. En la actualidad y debido a esas técnicas avanzadas de gestión del tiempo, esa cifra se ha reducido a menos de la mitad y los humanos han cambiado tu nombre por otros sustitutivos: pasión, sexo, dinero, ascenso, liderazgo, política, trabajo…, son algunas de las palabras que han ocupado el lugar que tú tuviste.
Me pedías en tu solicitud de audiencia unas vacaciones y te las voy a dar. Vas a estar un par de años en un campamento de refugiados sirio, donde espero que reflexiones sobre el concepto para el que se te creó. A la vuelta, hablaremos y decidirás si te vuelves a unir a la locura para retomar el modelo anterior o por contra, sigues con tu proyecto de modernización.
Y aquí me tienen, preparando la maleta para el destino que me ha encomendado Dios. Ya les contaré la decisión que adopte, aunque, ahora que lo pienso, ¡a lo mejor me pueden ustedes ayudar!
Si no hacen nada, entenderé que el modelo actual que he implementado es el adecuado para estos tiempos. Si por contra entienden que debo volver a mis orígenes y a mirar a las cosas con el corazón, haga llegar este escrito a todos cuantos conozca que crea pensarán como usted.
Mis intenciones son claras: seguir con un concepto moderno, actualizado y sostenible de la gestión del amor, el tiempo y el espacio, mas si este mensaje se transmite entre todos ustedes y me convencen, no me quedará más remedio que volver a mi estado inicial y volver a mirar en el interior de las personas y las cosas en lugar de quedarme con la superficie.
En sus manos lo dejo. Decidan.

julio 27, 2018

Etiquetas: , , ,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *