El bailarín

Es muy difícil bailar si no oyes la música con el corazón, tus movimientos serán torpes intentos de vibrar con aquello que no eres capaz de sentir.
Yo no soy buen bailarín, me muevo con torpeza, cual elefante en Ikea, pero vibro con los acordes de muchas melodías y si bien es cierto que este hecho no otorga a mis movimientos ni la gracia ni la soltura que se le suponen a un buen bailarín, están llenos de la carga eléctrica que la música arroja a mi ser.
Esto sucede con todo en la vida, es maestro el que ama enseñar, no el que acude a la escuela contando con precisión suiza los segundos que le quedan para irse a su casa o para embolsarse sus emolumentos.
Por eso escribo cada día, porque aunque tengo claro que siempre seré un escritor independiente que no podrá vivir de lo que sale de este teclado, no creo posible que se puedan detener las palabras que cada mañana, se agolpan en mi cabeza queriendo salir y ver la luz en forma de poema, de historia o de reflexión, como en esta ocasión.
A todos los que estáis ahí a diario, leyéndome, comentando mis publicaciones, dándome ánimo y fuerza para seguir mirando a la página en blanco como la mayor de las oportunidades, mil gracias, espero seguir mucho tiempo compartiendo con vosotros todo aquello que pueda arrancaros una sonrisa, poneros en la piel de quien entiende la vida como el mayor de los tesoros y ansía compartirlo y porqué no, traeros historias con las que una lágrima, pugne por deslizarse mejilla abajo.
Siempre he tenido una máxima que me aplico a diario y la que os recomiendo:
“Haz lo que amas y ama lo que haces”.
Sólo así, podrás sentirte satisfecho, porque si algo no te sale bien, nadie te quitará la satisfacción de haber puesto el alma en que así sea.
David Gámiz

junio 25, 2017

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