Dualidad

Hoy recibí dos llamadas telefónicas, de dos personas a las que aprecio. Ambas llamadas se realizaron desde un hospital. La primera persona que llamó, rebosaba alegría, a la segunda, la desbordaban la pena y el llanto.
Como las monedas, hay muchos lugares que pueden tener implícita una cara y una cruz. Cuantas lágrimas de alegría o dolor se vén a diario por ejemplo en estaciones o aeropuertos, donde se celebran reencuentros y se lloran despedidas, o cuantos vítores se cantan en estadios por los vencedores, mientras que los perdedores sufren en silencio su derrota. En cuantas iglesias se celebran bodas y bautizos, para que a las pocas horas se despidan almas en funerales y en cuantos bares se han iniciado romances y se han echado a perder vidas en el reflejo de una copa vacía. Y cuantas personas no muestran una cara al mundo, amable, servicial, educada, y son verdaderos monstruos cuando cruzan el umbral de su casa…
Se me ocurren muchos ejemplos como los expuestos, en que algo puede verse desde dos ópticas bien distintas según el modo en que se mire, o la forma en la que a cada quien le toque afrontarlo y me viene también a la mente aquel típico refrán de que cada cual cuenta la feria según en ella le ha ido.
Pero creo que lo más importante de esta dualidad que aveces se nos presenta es precisamente lo contrario, mostrar una sola cara, la sonrisa ante la adversidad y el mal tiempo y la humildad ante el éxito y la bonanza, ser consecuente con lo que se hace, asumir los errores si se producen y aprender de los mismos pero no creerse en un pedestal si el viento viene de cara, pues puede tornarse en contra en apenas unos segundos y hacernos pasar de una llamada telefónica a otra, de la risa al llanto, del miedo a la confianza y del amor al odio, los cuales, dicen que, como casi todo en la vida, nada más que están separados por un paso.
David Gámiz

julio 21, 2016

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