Cuestión de matemáticas

Cuestión de matemáticas

¿Has pensado alguna vez adónde van los besos que no le das a la persona a la que quieres? Sí, esos que a lo mejor por prisa, por timidez, por rutina, esos que a menudo dejas pasar diciéndote: luego los doy cuando vuelva del trabajo, o los otros, los de: ¿qué va a pensar de mí si tengo gestos de cariño como ese? o aquellos otros, más profundos, más sinceros, con los que quieres decir algo, un te quiero, un lo siento, un sé que te he hecho daño y me arrepiento, pero que por cualquier motivo, tampoco salen de dentro y se quedan sin dar…

Yo no soy de letras, lo mío siempre fueron las matemáticas, la contabilidad y la economía de la empresa, así que recurriendo al álgebra más evidente, a la que practico yo con mi niña cuando jugamos a que ella es la maestra y yo el alumno y me pone ejercicios tales como: si en una mano tienes cuatro manzanas y en la otra mano dos, ¿cuántas manzanas tienes? ¿Y si te comes una, cuántas te quedan?

Yo os propongo un ejercicio, ahora que acaba de empezar el curso para que ejercitéis vuestra mente analítica.

Si yo tengo ganas de mostrar mi amor, cariño o respeto a alguien con un beso y no lo hago, ¿que tengo? y la persona que no ha recibido el beso, ¿qué deja de tener?

Los que me conocen saben que jamás he sido muy partidario del ahorro, creo que las cosas se han de disfrutar en vida, pues quizás con los besos suceda lo mismo, ahorramos demasiado cariño, pensando seguramente que más adelante podremos hacer uso de él. Así sucede con todo, somos víctimas del “lo haré luego”, incapaces de pensar que quizás, luego signifique nunca.

Retomando la cuestión, que os traslado para que le deis una vueltecita en uno de esos momentos del día en que la cabeza divaga entre las noticias actuales, no demasiado halagüeñas por cierto, las facturas que se deben, la relación que empieza o acaba y en definitiva, los avatares de esta vida casi plana que muchos llevamos, me atrevo a dejaros en este sábado otoñal mi reflexión acerca de este asunto, que si bien no es relevante para el devenir de la humanidad, o sí, quién sabe, a mí a veces me da que pensar.

Si yo tengo una muestra de afecto para alguien, a la que para darle un significado cuantitativo y matemático, valoraremos como 1 y finalmente, no la entrego a la persona a la que iba dirigida, pierdo ese 1, y además pierdo otro punto, el cual se deja de ganar ya que todo aquel que tiene la posibilidad de recibir algo útil para el alma para finalmente no hacerlo, se queda con una especie de desilusión o mal sabor de boca también cuantificables.

En definitiva, que sumo uno y resto dos, con lo que mi cuenta de afectos anda en números rojos y la del receptor de mi muestra de cariño también, porque no suma y sí resta.

Esta operación, que a priori pudiera parecer absurda, puede tomar relevancia si convertimos en costumbre el ignorar la demostración de nuestras emociones y sentimientos, porque un punto negativo un día, otro al siguiente y dos más dentro de un par de días, puede generar un déficit en el portador de emociones y en el receptor de las mismas que a la postre derive en malestar, ansiedad, mal genio y finalmente ruptura o conflicto.

Tal vez, con este tipo de actuaciones de desafecto, estamos sumiendo a esta sociedad en un mundo vacío de contenido, donde nuestro ombligo es el centro del universo y una supuesta libertad o independencia, el objetivo a lograr. Algún día, nos daremos cuenta de que esa forma de actuar, a la larga nos convierte en seres vulnerables, que al llegar a casa, únicamente gozan de la compañía del Netflix; personas actuales y autosuficientes, que extrañan a alguien con quien compartir la última serie que han visto.

Así pues, ponte un nuevo objetivo para este otoño y dedícate a generar un superávit de afecto y emociones positivas a tu alrededor, quizás sea el comienzo para poder liberarte de la sensación amarga de desasosiego e incertidumbre e incluso pudiera ser, que aun viendo tus series de Netflix sin compañía, las comentaras al día siguiente con alguien que también las ha visto…, ¡y todo comience a fluir!

octubre 21, 2017

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