Carta a mi amigo taxista

Querido amigo:
He pensado mucho si dirigirme a ti en esta misiva, pero atendiendo al recuerdo de todas las experiencias que vivimos y los momentos que pasamos en tu taxi, he decidido hacerlo.
En primer lugar, quiero decirte que te entiendo y que estoy contigo en estos momentos complicados que estás pasando. Sé que tienes una familia y su bienestar es lo que más te preocupa, por eso sacas las uñas como un felino cuando intentan arrebatarte lo que sabes que es tuyo.
Pero me gustaría hacerte varias puntualizaciones al respecto de la situación por la que el sector está pasando, para que al igual que yo lo he hecho contigo, tú empatices conmigo como usuario del taxi que soy.
Por más justas que sean vuestras reivindicaciones, creo que no se debería haber hecho uso de la violencia como se ha hecho, ya que hoy estamos en una sociedad donde todo corre muy rápido y pudiera ser que al defender vuestra causa, os llevárais el rechazo de aquel que no tenga demasiado conocimiento de la cuestión y vea en su facebook un vídeo como los que sabes que han circulado últimamente.
Me dirás que esto es muy fácil de decir y que si a mí me tocaran el pan de mi hija reaccionaría igual. Probablemente sea así, pero por encima de todas las reivindicaciones, un taxista debe ser un profesional, el cual presta un servicio público a la ciudadanía y no debería abandonar esos valores de compromiso y buen grado con el cliente cuando quien tiene la culpa de la situación está tranquilamente sentado en un despacho y no en la calle, necesitando usar el servicio que prestáis.
El hecho de que yo sea invidente, me ha hecho coger muchos taxis a lo largo de mi vida y en uno de ellos te encontré a ti, quien dejaste de ser un taxista para convertirte en un amigo. A lo mejor es por eso que algunos desencuentros con compañeros tuyos en los últimos meses me han desilusionado un poco y me han hecho recurrir a otras opciones a la hora de moverme.
Por lo general, las personas tendemos a desconfiar y el hecho de no poder ver, en ocasiones acrecienta esa sensación, por eso, en esta temporada que he tenido que coger un taxi casi a diario, para ir a varios asuntos médicos, siempre al mismo lugar y a la misma hora, me ha llamado la atención que el precio de la carrera oscile tanto, desde aquel que me decía que era la carrera mínima y me cobraba 3,65 hasta el que cobraba 8 euros por el trayecto.
Creo que por eso tú y yo nos hicimos amigos, porque nunca me sentí engañado por ti, porque sabes que antes del viaje, pactábamos el origen, el destino y el precio y así, con la transacción cerrada, nos dedicamos a hablar y a ver que, de forma distinta, ambos somos personas que únicamente queremos vivir en paz, rodeados de la felicidad de los nuestros.
Sé que este tipo de pactos no es sencillo, pero al igual que otras plataformas, fijan el precio del servicio mediante una aplicación móvil antes de iniciarlo, creo que los taxistas deberíais reflexionar sobre el momento socioeconómico en el que vivimos y reciclar un poco la atención y el servicio que prestáis.
También me ha sucedido en varias ocasiones, que el taxista que me ha llevado a la clínica, se ha enfurruñado cuando le he pedido el datáfono, haciéndome ver que le molestaba tal petición. Volvemos a lo de antes: los tiempos cambian y aquel que no se sube al tren del cambio, descarrila y se queda de forma perpetua en la estación del olvido.
En la ciudad en la que vivo, la aplicación con la que se puede pedir un taxi, no es accesible como en ciudades como Madrid, Barcelona o Sevilla, siendo mi ciudad como es, de las más relevantes a nivel turístico y comercial. Yo sé que tú de eso no tienes la culpa, pero una suma de factores como la que te cuento, es la que hace que alguien, fiel al taxi, pruebe otras plataformas.
Sabes, el otro día cogí un taxi desde la estación de tren a mi casa. Sé que no hay mucha distancia y que la carrera es corta, pero me sentí muy mal porque el compañero que me llevó no hizo más que hablar entre dientes diciendo que llevaba no se cuánto tiempo en la cola para que le saliera un servicio como el mío.
No me quiero extender más, he querido pasar este ratito de reflexión contigo para intentar hacer que te pongas en mi piel y que comprendas, que como usuario con una necesidad, a veces me siento desprotegido por tus compañeros.
En la absoluta convicción de que entenderás mis palabras como una crítica constructiva y no como un ataque, me despido enviándote un cordial abrazo y esperando, en próximas fechas, brindar con mi amigo tras un viaje en taxi.

agosto 2, 2018

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