Cambio de planes

Juanjo mira la hora nerviosamente: 17:25…, respira como si quisiera expulsar todo el oxígeno que se aloja en sus entrañas, ese oxígeno que hace apenas media hora, amenazaba con reventarle la cabeza en dos.

Finalmente, le ha dado tiempo: su hija ha comido en MC Donal’s como quería, han jugado un rato en el parque y se ha puesto perdida con el helado de chocolate que se ha comido de postre. Él, ha logrado cumplir la promesa que le hizo a la niña de pasar tiempo con ella y tras un conjunto de negociaciones, más dignas del equilibrista de un circo, ha conseguido cuadrar la agenda con la de su ex mujer para entregarle a Esther a las 17:30 y poder llevar a Claudia, su pareja actual al concierto de Bisbal, que comienza una hora después en la otra punta de la ciudad.

No quiere llamar al telefonillo cinco minutos antes, no sería la primera vez que su ex no le abriera la puerta hasta la hora concertada y de postre le recriminara que pareciera no querer estar con su hija, ya que cada vez la entrega antes.

Una vibración en su bolsillo izquierdo le sobresalta bruscamente:

-Ha sonado tu móvil papi –dice la niña, que corretea alrededor del padre persiguiendo una pequeña pelota de Elsa y Ana.

-Sí, voy a ver quién es –responde el padre, al que últimamente le da un escalofrío cada vez que vibra su teléfono.

”Hola. Me ha surgido un problema, no podré llegar hasta las ocho. Entrégame la niña a esa hora y si no te viene bien y me la quieres entregar mañana, que duerma contigo esta noche”.

Juanjo se bloquea cual máquina desengrasada e intenta buscar una solución que le permita salir del callejón en el que lo ha sumergido el mensaje de su ex.

Claudia lleva toda la tarde nerviosa. Ella es especialmente sensible y capta algo que no le gusta a su alrededor, como si una energía negativa estuviera impregnándolo todo de incertidumbre y desasosiego. Sabe que no tiene de qué preocuparse, pero aun así lo hace.

Busca algo que ponerse acorde con la cita que tiene esta tarde con su pareja y con uno de sus artistas preferidos, como es David Bisbal. No quiere ir excesivamente arreglada, pues prefiere estar cómoda para saltar y bailar todo cuanto le sea posible, pero tampoco quisiera parecer más informal de la cuenta.

Es consciente del esfuerzo que Juanjo ha tenido que hacer para acompañarla al concierto, cambiando un turno en el trabajo y negociando con la ex mujer la entrega de su hija.

Cuando rompió con Carlos, su anterior pareja, se juró y se perjuró que nunca volvería a salir con un divorciado con hijos, pues estos a la larga, de forma consciente o inconsciente, convierten en un campo de batalla las relaciones de sus padres, pero hacía un par de años, aquel chico desgarbado que la acompañaba en las sesiones de diálisis, cambió sus esquemas para siempre. A ella no le va del todo mal con Esther, la hija de su pareja, pero prefiere mantener cierta distancia con la niña y le agobia cuando en alguna ocasión, Juanjo la incluye en sus planes de pareja.

El tono que le tiene asignado a Juanjo en el Whatsapp suena en el iPhone:

“Hola. Quizás seamos tres en lugar de dos. Esther está conmigo. Nos vemos en el auditorio en media hora y te cuento. Te quiero”.

Marcos tiene esta tarde a su hijo Alberto con él. En principio no le tocaba este fin de semana, pero su ex le pidió ayer el favor y no le ha dicho que no, total, no tenía nada mejor que hacer y de ese modo, se asegura que Susana le deba una, que ya le cobrará él cualquier fin de semana de estos que le toque el niño y se programe una partida de póker.

No es un padre excesivamente ocurrente, le agota el comportamiento de los niños y no es persona para andar detrás de un mocoso todo el día, por mucho hijo suyo que sea.

De repente, le viene la inspiración: recuerda que Patricia, la chica que se ha incorporado hace poco tiempo a la oficina, le contó en un descanso que ella también era divorciada y que tenía una niña de la edad de Alberto. A lo mejor la tiene este fin de semana –se dice-, y si es así, le puedo proponer que salgamos un rato con los niños, a lo mejor luego cenamos, los críos se duermen y le puedo echar un polvo, que desde que la vi me tiene loquito.

Coge su teléfono móvil, busca el número de Patricia y comienza a escribir:

“Hola Patri. Pues nada, que tengo a mi Alberto esta tarde y me he acordado de ti, no sé, a lo mejor estáis por ahí sin planes y os apetece dar una vuelta, ir a cenar algo, al cine…, a lo mejor los niños se distraen y tú y yo tenemos un momento para hablar de todo… Bueno, ya me dices algo. Besitos”.

Esther sabe que a su padre le ocurre algo, pero no es capaz de averiguar lo que es. Desde que la recogió ayer por la tarde, lo ha notado nervioso, refunfuñándole por todo y un poco gruñón. El caso es que ella piensa que no es la culpable, porque, aunque esté malhumorado, la ha llevado al MC Donal’s, le ha comprado una Barby y antes de dormirse, le leyó dos cuentos.

Seguramente será algo del trabajo –se dice-. A veces le gustaría que trabajara en otra cosa, porque siempre está liado, aunque por otra parte le encanta presumir en el cole de que su papá conduce una ambulancia y que ha salvado muchas vidas.

Canturrea una canción que oyó hace poco en una película mientras su padre parece extasiado mirando el móvil: “ahora que soy invencible, ahora que todo es posible, deja que yo sea el viento y sople cada miedo”.

De repente, su padre deja el teléfono y la mira sonriendo:

-Cariño, ¿te gustaría venir conmigo y con Patricia esta tarde a un concierto, es del cantante de la canción que hace un momento estabas cantando”.

-¿Y mamá me dejará?

-Sí, me ha dicho que esta noche si quieres duermas conmigo. Iremos al concierto y si te portas bien, ¡cenaremos pizza!

Patricia maldice su mala suerte. Aquella podía haber sido una tarde cualquiera, pero los astros se alinean para que todo le salga mal. A eso de las cuatro, su amiga Merche le escribió para cotillearle que esa tarde, el padre de su hija la iba a pasar con su nueva novia en un concierto de Bisbal. ¿Que como se había enterado? Muy sencillo, la pareja de Juanjo y la hermana de Merche son íntimas amigas y se lo cuentan todo.

Ella, indignada ante la sola idea de que su ex pase el tiempo que debería pasar con su hija viendo conciertos con la pija esa que se ha echado por novia, decide poner en marcha un plan para boicotear la cita, con lo que no cuenta es con el mensaje de Marcos, el tío por el que está colado y el que le propone una cita con los niños para llevarlos a donde sea y hablar… de todo.

No puede mandar un mensaje a Juanjo diciéndole que al final ha llegado antes a casa, sería otorgarle una licencia que no merece, pero tampoco se quiere quedar sin esa posible cita, que a lo mejor le procuraba una alegría al cuerpo, el que, dicho sea de paso, estaba pidiendo a gritos ese revolcón que no se producía desde hacía muchos meses.

Finalmente, opta por tragarse su orgullo y enviarle otro mensaje a Juanjo, diciéndole que finalmente podrá hacerse cargo de la niña esa tarde.

Si Juanjo, tras comprar en la reventa por internet una entrada para llevar a su hija al concierto al triple de su precio no se hubiera quedado sin batería, tal vez hubiera intentado revender a su vez él esa entrada y retornar a los planes originales. Seguramente, Patricia y Marcos se hubieran visto, habrían pasado la tarde con sus hijos, habrían tomado un gin-tonic y quedado para verse a solas cuando sus obligaciones se lo permitieran.

Claudia quizás hubiera disfrutado más del concierto si hubiera estado a solas con Juanjo, pero ha de reconocer que al final la niña no se portó mal, que le gustó mucho el espectáculo, que cantó, bailó y rió hasta la extenuación y, sobre todo, que mereció la pena ver sonreír al hombre al que quería, al ver feliz a su pareja y a su hija.

La vida seguirá su curso y seguramente, los adultos intentarán hacer las cosas lo mejor que les sea posible, aunque seguramente, también olvidarán a menudo, que tras sus decisiones se encuentra algo tan importante como la felicidad de esas personitas a las que supuestamente, aman más que nada en el mundo.

Seguramente, como decía la canción, la vida siga igual.

 

julio 18, 2018

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