Ascenso

Todo el grupo conversaba de un modo distendido. La charla discurría por diversos temas, pasando por la incertidumbre política que mantenía en vilo al país, por los resultados de los equipos de la liga e incluso valorando los encantos que se intuían bajo el escotado vestido de la joven camarera que iba y venía por el local con andares seductores.
Todo el equipo celebraba el éxito; el ejercicio económico se había cerrado superando todas las expectativas que la empresa había marcado y el plus que iban a obtener les permitiría darse un buen capricho. Algunos pensaban en cambiar su automóvil, otros en amortizar parcialmente su hipoteca, también tomaba copas por allí el que andaba tras un crucero con el que terminar de enamorar a su pareja o el que pretendía cambiar de look y arreglarse alguna imperfección física a base de talonario.
El balance anual también generaba expectativas de noticias relevantes relacionadas con cambios de puestos y nombramientos, debidos al excelente funcionamiento de aquel grupo. El que más y el que menos, soñaba con ser trasladado a la central de Londres, triplicar su sueldo y cotizar en libras, abrir una cuenta en Gibraltar, comprar tabaco sin iva y vivir el paraíso terrenal que según les enseñaban en sus clases de management, estaba reservado únicamente para aquellos privilegiados cuyas cuentas bancarias sobrepasaban las siete cifras.
Oscar jugueteaba con su copa medio vacía. NO sabía si pedir otra o despedirse discretamente, como siempre hacía y largarse de allí. Intervenía levemente en las conversaciones, puntualizaba las opiniones que no compartía, reía los chistes del gracioso del grupo, silbaba a la camarera como el resto, pero no estaba allí…, él sabía que era tenido por el raro, el friki, el patito feo del grupo. Genio para algunos, loco para el resto. Creador de los algoritmos que todos usaban en la compañía para realizar los cálculos a diario, programador incansable, pero inseguro a más no poder de sus cualidades sociales y de sus posibilidades en otras facetas de la vida que no fuese hacer números delante de un teclado y una pantalla. Había aprendido a lo largo de los casi cinco años que llevaba en la empresa que se obtenían mejores resultados siendo un listo que pasa por tonto que siendo un tonto que quiere dárselas de listo. Sabía cual era su sitio, y como lo veía el resto, pero lo que más claro tenía, es como se veía él, transparente, sin dobleces, enamorado de sus plantas y de su colección de coches a escala 1/18, lector empedernido de románticos del XIX y amante de la música clásica. ¿Friki? Tal vez, pero puro, no insípido y superficial como aquella pandilla de parásitos que se medían por los ceros de sus cuentas corrientes.
-Las tías son todas iguales -dijo Marcos, el gracioso del grupo, levantando la voz para que se le escuchara-. MI novia por ejemplo no me exige demasiado, fijaros, solo me ha pedido que me aprenda cuatro letras del abecedario y con esas letras ya la hago feliz…. Haber, cerebrito, ¿a que no sabes que letras son?
Oscar recibió la pregunta con mirada neutra, pensando cómo podía ser que el voto de aquel individuo valiera lo mismo que el suyo…
-¿Como puede ser que programes tan de puta madre y no sepas la respuesta a una pregunta tan sencilla? -siguió Marcos-. Pues te responderé Cerebrito. Mi novia, para que yo la haga feliz, solo necesita que me sepa cuatro putas letras del abecedario: O, B, D, C…
Los demás rieron y aplaudieron como locos la ocurrencia, mientras Oscar leía un whatsapp que acababa de llegar a su iPhone:
“Hola Oscar. Verás, he pensado mucho si enviarte este whatsapp o no, y no es por ti, soy yo, que ya sabes que le doy muchas vueltas a las cosas y que a veces soy más miedosa de la cuenta. Bueno mi niño, quiero que sepas que me encantaría aceptar tu invitación, sí, lo que me proponías el otro día, ir a menudo al cine, irnos conociendo, si la cosa va bien cenar de vez en cuando, si sigue yendo bien, que yo te presente a mis padres y tú me presentes a los tuyos, compartir una casa, una vida, y hacer realidad tu fórmula, esa de que la suma de dos ilusiones es igual a una nueva vida. Sabes, me encantó tu mensaje, esa forma aniñada en que me dijiste todo eso y he tardado tantos días en contestarte porque, en primer lugar no me lo esperaba y después porque tenía que asimilar que alguien como tú tuviera tantos proyectos en su mente con una chica como yo. Bueno, que no me enrollo más, ¿nos vemos mañana donde siempre? Un beso mi niño”.
Una sonrisa como jamás se le había visto asomó a los labios de Oscar, quien apuró su copa de un trago para enjugar la lágrima que pugnaba por bajar por sus mejillas.
-Joder cerebrito -dijo Marcos. Una de dos, o te han dado el ascenso, o es la primera vez que pillas uno de mis chistes.
-Ni me han ascendido ni tu chiste es bueno -respondió Oscar-. Pero hoy, tras muchos años de trabajo y sacrificio, le estoy empezando a ver los resultados al esfuerzo…
David Gámiz

febrero 2, 2016

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