Al otro lado

Abres la puerta, enciendes la luz y pasas, no huele a nada en esa casa que dices tuya pero que no sientes. Enciendes la luz y te hundes más si cabe en el abismo de tus sesenta metros cuadrados; Nadie te había dicho que el infierno tuviera esas dimensiones.
Dejas la escasa compra que has hecho en la encimera de la cocina, no sabes si cenarás, si por ti fuera, te ducharías, te pondrías el pijama y te meterías en la cama con la ilusión de no despertar mañana.
Para colmo, comienzas a notar las molestias del período, que intuyes comenzará pronto.
Sacando fuerzas del interior de tus cimientos logras meterte en la ducha. El agua atenúa levemente la sensación de desazón que te acompaña en las últimas semanas y te evade a otro tiempo, donde los problemas eran otros, más llevaderos y pasajeros que los actuales.
Te parece escuchar algo en la habitación, quizás algún amigo te esté llamando para intentarte animar; no te interesa y vuelves a sumergirte en el oasis que ha sido para ti la ducha.
Vuelves a tu cuarto, ya con el pijama puesto, la luz del teléfono te avisa insistente de que tienes una notificación.
Miras el teléfono. No entiendes a qué viene ahora recibir una foto, de otro tiempo, donde te rodeabas de esas personas que creías que no te abandonarían nunca.
Miras la fecha de la foto: todo encaja, fue hace justo tres años, pero al verla lo has sentido como si hubiera sido ayer
“A ti siempre te gustó vivir en el pasado”, escribes como respuesta al whatsapp.
Al otro lado, ya no hay nadie que pueda responder, pero quien estuvo sabe que esa foto habrá calado en tus huesos como la lluvia invernal.
Al otro lado, alguien, tras llegar a casa y ducharse, no ha podido resistir la tentación de compartir contigo aquel instante, a sabiendas de que esas fotos es lo único que le queda de ti.
David Gámiz

febrero 20, 2017

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