Esos locos bajitos

No sé a vosotros, pero a mí me sucede que cuando voy por la calle y escucho cerca de mí la risa de un niño, sus juegos, berrinches y travesuras, se me eriza la piel y se entremezclan el sentimiento de nostalgia por la pasada infancia y el de alerta, pensando que cerca de mí anda un loco bajito expuesto al albur de una incierta sociedad y únicamente bajo la supervisión de sus padres o la familia más cercana.
Esta sensación de alerta, la relaciono directamente con la certeza de que ese niño que anda detrás de su abuela para que le compre una chuche o aquella otra que camina enfurruñada porque el padre se la ha llevado del parque cuando a ella aún no le apetecía volver, será uno de los futuros dirigentes políticos el día de mañana, o un científico, maestro, albañil, taxista, fontanero…., en definitiva, tendrá un papel en la sociedad al igual que nosotros lo intentamos desempeñar ahora, con mayor o menor acierto.
Es en esos momentos en que a mi lado pasa un niño cuando me surge una pregunta: ¿Qué encontrarán nuestros pequeños cuando crezcan y sean ellos los que determinen el devenir de las cosas? ¿Serán capaces de ordenar lo que los actores actuales en el teatro del mundo estamos poniendo patas arriba?
En ocasiones pienso que sí, que los padres y maestros seremos capaces de hacer un buen trabajo para incorporar al mundo una ornada de buenas personas, pero en otras ocasiones me surgen las dudas y para ello no tengo más que poner la tele, abrir un libro, entrar en cualquier red social…
La otra noche, navegando por internet, detuve mi velero virtual en una web donde solteros y solteras se describían a sí mismos y manifestaban cuáles deberían ser las características de la persona que les hiciera abandonar la libertad y optar por el compromiso.
“Hola, soy una chica independiente que no necesita a un hombre para ser feliz pero a quien le gustaría encontrar un chico independiente, culto, amable, para compartir los buenos momentos que ofrece la vida”.
“Muy buenas, soy un chico joven, sano, deportista, actual, a quien le gustaría encontrar a esa mujer que no me necesitara para nada pero que a su vez me quisiera para todo”.
-Cuanta contradicción -me dije-. No sé si serán las agencias de publicidad con sus agresivas campañas, las series de televisión, las novelas románticas o el cambio climático, mas considero que sobrevaloramos la independencia en todos sus niveles, algunos incluso se pasan las leyes por los cojons para lograrla.
No es que yo vaya a ensalzar en estas líneas un retorno hacia los años de “cuéntame cómo pasó”, donde las mujeres asumían el cuidado de sus familiares como algo que les venía de serie, mas sí que creo que esta especie de crisis de identidad que ha generado la sobredosis de información en la que hoy nos movemos, hace que el hecho de cuidar a alguien, ya sea un hijo, una pareja, un amigo o familiar, sea algo casi políticamente incorrecto.
Baste con ver como las madres actuales tienen que mendigar tiempo a las empresas para atender a sus hijos, o como los padres se pierden los primeros meses de sus bebés porque la baja de paternidad les obliga a trabajar a las pocas semanas del parto.
Hace poco una amiga me comentaba su desconcierto, pues su hijo había pasado mala noche y mientras lo dejaba con la abuela y se organizaba un poco, había llegado 10 minutos tarde a trabajar. Me decía que al llegar se topó con las caras avinagradas tanto de jefes como de compañeros, sin mostrar un ápice de comprensión por una situación que debería ser la más normal del mundo.
Me cuesta imaginar, y mirad que yo de imaginación ando sobrado, como será el mundo que mi hija, que actualmente cuenta con seis años, se encontrará cuando tenga treinta, pero de lo que estoy seguro es de que yo no le inculcaré el valor de la independencia como fuente de éxito o aceptación por el resto, intentando que esa niña que ahora revolotea a mi alrededor saltando, jugando y con la cara deliciosamente repleta de churretes de chocolate del helado que se anda comiendo, no desee ser independiente, sino interdependiente, porque solo si entendemos el mundo como un lugar en el que todos nos necesitamos, podremos progresar adecuadamente y no repetir curso porque nadie nos ayude a hacer los deberes ni avanzar.

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About David

“Todos tenemos una historia que debe ser contada y guardamos un secreto del que nadie sabe nada”

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