Hoy hace diez años

Hoy he tenido muy presente un 2 de julio de hace diez años. Aquel día, con una licenciatura bajo el brazo que había obtenido cinco días antes aprobando un examen de dirección financiera, comenzó mi andadura laboral en la ONCE.
Recuerdo mi primer quiosco, en la calle Concepción, en Córdoba, al lado del burger King, donde celebraba si el día se había dado bien a base de Big King XXL.
A modo de anécdota, siempre recordaré que aquel día vendí 29 cupones y que mi primera clienta fue una señora que se llevó el 61434.
Fueron muchos quioscos, muchos amigos, muchas experiencias, días buenos, menos buenos hasta que, casualmente, otro 2 de julio, de 2012 en este caso, comenzó mi andadura como director de la agencia de Antequera.
Aprendí tanto allí que no creo que esa etapa de mi vida la vaya a dejar de tener presente ni un solo día. A nivel personal, comenzaba la etapa más negra en mis 35 años, aunque lo que se inició aquel 2 de julio me hizo tomar las decisiones que este 2 de julio de 2017 me han llevado a trabajar como instructor tiflotécnico en Málaga.
A vueltas de nuevo con las anécdotas, siempre recuerdo que hallá por los primeros noventas, cuando me preguntaban a qué me quería dedicar de mayor, siempre decía que quería ser tiflo, como Miguel Hidalgo, mi referente a nivel tecnológico, quien me inculcó el cariño por la tiflotecnología y la firme creencia de que podía ayudarme muchísimo en los próximos años.
Dicho esto, no me queda más que agradecer a todas las personas con las que, de una u otra forma, me he encontrado en estos diez años, por su apoyo, consejos, críticas y en definitiva, por tratarme siempre como uno más. También quiero dejar constancia aquí de mi más sincera disculpa, por si alguien ha sentido en estos años que le he fallado o que esperaban otra cosa de mí, os juro que en estos diez años, he intentado desempeñar mi trabajo con la mayor profesionalidad posible.
Y por último pero no por ello menos importante, agradecer a la ONCE, por su apoyo y su confianza en quien suscribe desde la infancia, desde aquellos lejanos días en que Antonio Maestre, mi maestro de apoyo, hacía cientos de kilómetros para venir a Priego a orientar a los profesores del colegio Camacho Melendo, donde estudié, hasta la actualidad. En esta casa he encontrado mi sitio, mi razón de ser y tantos amigos que si los mencionara en esta publicación, este blog quedaría pequeño.
Espero seguir muchos años con vosotros.

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