El mágico abrazo entre la muerte y la esperanza


Os presento la portada del que será mi segundo libro: “Alunizajes“.

Quiero agradecer a todas y cada una de las personas que han dedicado un instante de su tiempo en lograr que este libro sea una realidad, muy especialmente a Rafael Moreno González y María Teresa Cobo Sánchez, por sus ideas, consejos y buen hacer.

Pronto os contaré más sobre el libro: fechas de presentaciones, plataformas donde adquirirlo…, y muchas cosas más, con “Alunizajes” podrás ganar hasta un fin de semana para dos en un hotel de la costa del Sol.

Muchas gracias a todos y nos vemos pronto

El bailarín

Es muy difícil bailar si no oyes la música con el corazón, tus movimientos serán torpes intentos de vibrar con aquello que no eres capaz de sentir.
Yo no soy buen bailarín, me muevo con torpeza, cual elefante en Ikea, pero vibro con los acordes de muchas melodías y si bien es cierto que este hecho no otorga a mis movimientos ni la gracia ni la soltura que se le suponen a un buen bailarín, están llenos de la carga eléctrica que la música arroja a mi ser.
Esto sucede con todo en la vida, es maestro el que ama enseñar, no el que acude a la escuela contando con precisión suiza los segundos que le quedan para irse a su casa o para embolsarse sus emolumentos.
Por eso escribo cada día, porque aunque tengo claro que siempre seré un escritor independiente que no podrá vivir de lo que sale de este teclado, no creo posible que se puedan detener las palabras que cada mañana, se agolpan en mi cabeza queriendo salir y ver la luz en forma de poema, de historia o de reflexión, como en esta ocasión.
A todos los que estáis ahí a diario, leyéndome, comentando mis publicaciones, dándome ánimo y fuerza para seguir mirando a la página en blanco como la mayor de las oportunidades, mil gracias, espero seguir mucho tiempo compartiendo con vosotros todo aquello que pueda arrancaros una sonrisa, poneros en la piel de quien entiende la vida como el mayor de los tesoros y ansía compartirlo y porqué no, traeros historias con las que una lágrima, pugne por deslizarse mejilla abajo.
Siempre he tenido una máxima que me aplico a diario y la que os recomiendo:
“Haz lo que amas y ama lo que haces”.
Sólo así, podrás sentirte satisfecho, porque si algo no te sale bien, nadie te quitará la satisfacción de haber puesto el alma en que así sea.
David Gámiz

El héroe que no explora

Él, es el héroe que no explora,
El que desecho se tira cada noche en el sofá,
El que sueña con el día
En que sus alas batía sin tener miedo a volar.
Él, es la sombra del que era,
El que contaba trofeos, en la barra de algún bar,
Ahora mirando se queda,
Cuando observa a las parejas, de la mano pasear.
Él no entiende, que el tiempo le dio un aviso,
Para irse del paraíso en el que creía vivir,
Que los treinta y pocos metros,
Habitables de su piso, ya no saben sonreír.
Ahora, cuando vuelve del trabajo,
Con una pizza en las manos y sin ganas de comer,
Recuerda cuando un beso le bastaba,
Para darse por saciado y no tener que beber.
Al culpable, mientras no duerme lo busca,
Es lo único que hace en las noches de Madrid,
Cuando antes, él sabía que era el culpable
Y una noche le bastaba para volver a vivir.
Ya lo sabe, no vendrán tiempos mejores,
Sus cuarenta y tantos años se lo dicen al salir,
Aún recuerda cuando en un gimnasio pijo,
Daba forma a la estructura que hoy se niega a resurgir.
Ya no actúa, la pereza le ha vencido,
Se despierta entre jadeos al soñar que no es verdad,
Que aquel héroe, que un día tuvo lo que quiso,
En apenas unos meses, ha dejado de explorar.
David Gámiz

El minuto de descuento

Me dijiste que me fuera de tu vida;
yo te dije, que no me daba la gana,
suplicaste, por favor no mas heridas;
esta guerra, hoy la doy por terminada.
Yo quería el minuto de descuento,
tú acabar de una vez con el partido;
yo robar una brizna de tu aliento,
tú enviar de vacaciones a cupido.
Al final ni yo pedí, ni tú otorgaste
el minuto en el que a veces cambia todo,
derrotados ya firmamos el empate;
y empezamos nueva liga de otro modo:
tú no estás en mi lista de fichajes,
yo no volveré a tu equipo a jugar sólo.
David Gámiz

En tu fiesta me colé

Esta mañana, alguien que sigue mis publicaciones en facebook y en este blog, me hacía una pregunta:
¿Oye David, y qué tiene que tener un libro para que venda?
-Creo que no soy el más indicado para contestar a esa pregunta -le respondí-. Yo tengo un libro publicado y no es ningún secreto que no ha sido un best-seller, entre otras cosas porque no nació para eso. Desde mi humilde opinión, un libro ha de tener una trama que atrape al lector desde el inicio, unos personajes bien definidos, algún giro inesperado que despiste a quien esté leyendo,, un poco de morbo o situaciones que inciten a pensamientos traviesos…, y por supuesto, un editor que al leerlo, apueste por quien lo escribe.
Ahí terminó nuestra conversación, pero aquí servidor, inquieto por naturaleza, le dio varias vueltas en la cabeza a la cuestión y reparé en un detalle en el que no había caído al responder la pregunta.
¿Os habéis parado alguna vez a pensar en cómo son los protagonistas de los libros que leéis? Más allá de su carácter, su personalidad, sus virtudes, sus defectos…, ¿No os parece que muchos de los personajes que pueblan los libros están cortados por un patrón que no es del todo real? Y me explico: es difícil encontrar un best-seller en el que quien protagoniza el libro, no tenga unos rasgos físicos realmente agraciados, en la mayoría de los casos, también gozan de una buena solvencia económica, de trabajos con elevadas responsabilidades y de vidas, a priori, mucho más interesantes que las nuestras.
¿Os imagináis que el protagonista de las cincuenta sombras fuera un tipo bajito, calvo y con barriga cervecera?
¿Influiría en las elevadas ventas de la saga “canción de hielo y fuego” el que Daeneris fuera rechoncha y desgarbada?
No es solo en la literatura donde esa supuesta perfección de los protagonistas es una tónica común: en el cine o el teatro, en la música o la poesía…
A mi parecer, está genial que los creadores de cualquier obra muestren a sus personajes con unos determinados rasgos, el problema es que son precisamente esos rasgos, los que excluyen a una gran mayoría de los mortales, porque si bien todos albergamos en nuestro interior unas determinadas cualidades o venimos con innumerables defectos de fábrica, la cuestión del físico, el estatus social o la posición económica está al alcance de muy pocos.
Me viene a la mente una canción de Ricardo Arjona, llamada “la mujer que no soñé”, que es la antítesis de la chica que protagoniza canciones normalmente y ¿sabéis que pienso? Que ellas también tienen derecho.
Será por todo esto que siempre que trato de dar vida a un personaje, lo imagino de todo menos perfecto, lo intento situar fuera de la gran gama de estereotipos establecidos por la sociedad para ser un triunfador y sobre todo, les doy la oportunidad de vivir eternamente encerrados en unas páginas a criaturas que a lo mejor, de otra forma, se quedaban para siempre vagando en el limbo de las palabras.
Así que, como el protagonista de la canción de Mecano que se colaba en una fiesta a la que nadie lo había invitado, yo trato de acomodar de la mejor forma posible en el escenario de la sociedad actual a los que, probablemente, siempre sean los olvidados.
Eso encontraréis en “Alunizajes”, al que por cierto ya están maquetando y vistiendo de gala para el próximo noviembre, cuando os lo presentaré.
Así que, si buscas historias de ficción con personajes que podrían ser realidad, quizás encuentres entre sus páginas la respuesta a muchas preguntas…
David Gámiz