Deseos de verano

Miro las fotografías, con una mezcla confusa entre miedo y distancia. Las recuerdo con nostalgia, éramos apenas dos adolescentes, pero parecíamos dos viejos, o dos niños, no lo sé. Siempre juntos, persiguiendo sueños que solo existían en nuestra imaginación y en alguno de aquellos libros que leíamos, sentados junto a la orilla de la playa, enterrando nuestros minutos en la arena.
A lo lejos, la conversación de nuestros padres acerca de esa rutina de la que querían salir pero sin la que no sabían vivir, aunque a veces también hablaban de que tú y yo éramos cada vez más grandes y suspiraban entre cerveza y cerveza con frases manidas de esas como que el tiempo pasa volando y que tú y yo pronto llevaríamos allí a nuestras parejas…
Crecimos como hermanos, compartiéndolo todo, lo mmismo yo jugaba con tu Barbie que tu te entretenías con mis play móvil…, daba igual si yo un día comía en tu casa o si tú cenabas en la mía…, la amistad entre tus padres y los míos parecía el vínculo más sagrado del mundo.
Más de una vez yo me refugié en los brazos de tu padre cuando algo me acongojaba y tú recurriste a mi madre si por la noche te sorprendió una pesadilla…
Solo pasábamos juntos tres meses al año, pero los nueve restantes, yo aguardaba el momento de que nos volviéramos a encontrar.
Ahora ya no hay Barbies ni play movil, nuestros padres siguen acudiendo al sitio de siempre pero nada es lo mismo. Yo me paso el verano mirando las fotos y recordando nuestras interminables partidas de monopoli. Cuando salimos a tomar algo, el camarero aquel de la perilla y los anillos del que tú te burlabas me pregunta: ¿donde has dejado a la rubia?
Y yo, trago saliva por no echarme a llorar y hago lo posible por cambiar de tema.
Te echo de menos, eso es innegable y obviarlo sería un absurdo, pero a veces las cosas que nos suceden se escapan a nuestro control y es por eso que ahora estoy solo los veranos, es por eso que nuestros padres ya no hablan de sus rutinas y se miran en silencio sin saber que decir, es por eso que ahora lloro a solas, arrepintiéndome de todo.
Pienso que un día seré débil y les confesaré a todos que te tengo enterrada en mi jardín, que no soporté la idea de perderte y creí que acabando con tu vida, me sentiría unido a ti para toda la eternidad y creo que así será, porque ahora, cuando por las noches no logro conciliar el sueño, cuando oigo la lluvia en los cristales, cuando la luz de mi habitación se apaga sin que nadie pulse el interruptor, sé que estás ahí, que sales de tu tumba para recordarme que a veces, lo que deseas, si no tienes cuidado, se cumple y tu vas a hacer realidad mi deseo, el que tantas veces pedí, aquel en que rogaba a los astros, a dios o a cualquiera a quien pudiera encomendarme, que estuviéramos juntos para siempre.
David Gámiz