Ella llena mi vacío

En esta última semana, en dos o tres ratos, he visto una película que seguro que todos conocéis. Yo no es que no la hubiera visto antes, pues hubo un día en mi infancia en que casi me sabía los diálogos de memoria, pero hay veces que uno, cuando es un niño, no se para a darle el valor real a las cosas, no por malicia, sino porque cuando se está en la edad de creer en cuentos de hadas, uno mira al príncipe, a la princesa o al lobo y no a la persona que llevan dentro.
La película que he visto es Rocky, la primera de la saga, producida en 1976 en Estados Unidos y protagonizada por Silvester Stallone, Talia Shire y Carl Weathers, aunque para mí, Rocky siempre fue Ricardo Solans y Apollo Creed Constantino Romero.
Cuando yo era un niño, para mí Rocky era un tío, al que imaginaba fuerte, con una voz rasgada y un sonido curioso al respirar por la nariz. Lo admiraba, porque entrenaba duro y nunca le faltaba tesón para enfrentarse a sus rivales.
Ahora, a mis casi 35 años, me he encontrado a otro Rocky, a alguien realmente admirable, a un tipo sensible, capaz de enamorarse, de conquistar a una chica a base de chistes, alguien a quien la vida no ha regalado nada y cuando se le brinda una oportunidad, comprueba como todo el mundo dice ser su amigo.
En esa diferencia de concebir a un personaje, aunque sea de ficción, por un niño y por un adulto pensaba hoy tomando un café y me preguntaba, ¿cómo nos percibirán nuestros hijos cuando son pequeños? ¿Pensarán que los padres somos esos incansables luchadores, que cual Rocky, enfrentan los embates del día a día? o por el contrario, nos verán como seres abstractos, cuyas normas no entienden, aunque después de todo se sienten seguros con ellas? ¿Seremos héroes? ¿Seremos villanos? ¿Entenderán a sus padres como personas sensibles, o como amables dictadores?
En mi infancia y como dije antes, vi muchas veces esta película, la que por cierto, tiene una fuerza brutal en los diálogos, por lo que puede ser seguida con toda tranquilidad por una persona ciega, sin temor de perderse nada relevante y me aprendí algunas partes de memoria, pero hay un fragmento, al que no le había prestado atención.
En un momento dado, Paulie, el hermano de Adriana, la chica de la que anda enamorado Rocky, le pregunta a éste porqué está con su hermana y Rocky le responde:
“Ella llena mi vacío”.
A lo mejor yo de niño no alcanzaba a entender la contundencia de esa afirmación, pero hoy, muchos años después, he caído en la cuenta de que quizás sea eso lo que todos buscamos, esa persona que nos aporta lo que necesitamos, desde juegos divertidos, cosquillas y mundos imaginarios, si somos niños, a amor, estabilidad y confianza, si somos adultos.
Piensa en los que te rodean y asegúrate de llenarles su vacío o su necesidad de ti, conviértete en héroe, en pirata, en león, en lobo, en Caperucita o en todo lo que tu imaginación te dé si con eso haces sonreír al niño que tienes ahora en brazos, dale tu comprensión, tu cariño y tu paciencia, una sonrisa o un abrazo a la persona que comparte tu vida si eres adulto y tienes pareja y en definitiva, da, entrega, sin pensar en qué recibirás a cambio, únicamente así podrás llenar el vacío de los que te aman y dejar tu alma limpia para absorver lo que te aporten aquellos a quienes amas.
David Gámiz