Grises aceras

Para escribirte lo que nunca se ha escrito
debí haberte dicho lo que nunca te dije,
mas no me atreví a hacerlo ni a pensarlo siquiera
Y me encuentro vacío en las aceras grises.
La luna no sabe o no quiere decirme
quién fue el culpable de que en algunas ocasiones,
dejáramos volar los sueños como cometas infantiles
y pensáramos, únicamente, en comernos a besos.
Noto cerca el verano, las calles se llenan,
algunos solo salen ahora a deleitarse con cuerpos semidesnudos,
yo sigo caminando a solas por las grises aceras
con la torpe esperanza de tropezarme contigo.
inquietas lagunas acuden a mi cabeza envejecida
Y la llenan de recuerdos y de melancolías inalcanzables,
tus manos ya no recorren mi cuerpo como lo hacían hace un año
y yo no soy aquel joven soñador y entrañable.
Llego a casa donde la ausencia de tu tanga me pregunta si te he visto
y yo le respondo que solo he hablado con grises aceras,
una ensalada baja en grasas me sonríe en el frigorífico
y un triste whatsapp ameniza mi espera.
Mañana volveré, tal vez pueda encontrarte,
o tal vez nuevamente visite las aceras.
Quizás regrese a casa, más bien pronto que tarde
y quizás siga teniendo soledad para la cena.

David Gámiz

Qué bonita la vida

Por estas fechas, el año pasado, los cordobesistas saltábamos de alegría. Lo que pasó en Las Palmas no lo olvidaremos nunca, ni tampoco la temporada que hemos vivido en primera, con sus luces y sus sombras, más de las que oscurecen que de las que iluminan, todo hay que decirlo.
Ahora, un año después, aquellos que lloraban en el estadio Insular, echan a volar al viento banderas amarillas, y cantan aquello de “sí se pudo”, pensando con toda seguridad que el fútbol, el destino o la diosa fortuna, les debía una.
En Zaragoza en cambio, se han quedado con la miel en los labios, como se quedaron los que hoy ríen el año pasado. Quizás, el año que viene, la plaza de España de la ciudad maña, sea la que eleve al viento sus banderas, o a lo mejor somos los cordobesistas los que volvemos a las Tendillas tras un año de éxitos.
Va a tener razón Dani Martín con aquellas palabras: “qué bonita la vida, que da todo de golpe y después te lo quita”…

David Gámiz

Voces y piscinas

Hace un mes aproximadamente comencé la lectura de una novela, en el facebook dejé una leve reseña sobre ella. Se trataba de “la voz de los muertos”, de Julián Sánchez. He tardado mucho en terminarla y no porque el libro sea de estos tediosos que no hay por donde cogerlos, para nada, me ha parecido una auténtica joya del género negro, con una trama tan bien elaborada que en ocasiones da hasta vértigo seguir leyendo.
He tardado, pues, mucho tiempo en terminar esta novela porque hacía tiempo, que no me ocasionaba miedo un libro. Miedo de este de decir: quiero seguir leyendo, pero en estas noches semiinvernales que ha traído la primavera, con el viento ululando por la ventana y la sombra de los fantasmas que arrojaba la historia del bueno de Julián Sánchez…, pues como que no, que lo iba dejando para mejor ocasión y aprovechaba para leer a las horas en que los vampiros duermen, y como los vampiros duermen cuando yo trabajo, ha sido en los escasos ratos libres que tengo en los fines de semana cuando sorbo a sorbo, he ido apurando esta historia, que os aseguro, os atrapará y os aterrará.
Una vez terminada, me dispongo a iniciar otra novela de estas que a mí me suelen durar tres noches, porque asustan menos, aunque al protagonista de la misma la historia que le sucedió, tal vez si le asustó, porque tratan temas actuales y relacionados con la empresa, los cuales al novelarlos, toman unos tintes que a mí me fascinan y porque he leído unas diez páginas y ya estoy deseando de continuar, y eso es buena señal.
Os dejo la reseña del libro que comienzo hoy: “la chica de los ojos del color de mi piscina”, de Jorge Salinas.
Ver reseña
David Gámiz

La fiesta de fin de curso

Hoy me viene a la mente un lejano 17 de junio de 1995. Hace ya veinte años de aquel sábado, pero yo lo tengo presente en mi corazón como si lo estuviera viviendo de nuevo.
Era un día muy bonito para un grupo de niños que habíamos vivido una infancia cargada de juegos, fantasía, algo de inocencia, su pizca de picardía, la travesura de turno, el amor adolescente y la colección de cromos.
Aquella tarde, ese grupo de niños, celebrábamos que nuestra etapa en la antigua EGB finalizaba. Nuestros padres, hermanos y amigos, junto con el grupo de profesores que se habían encargado de darnos una educación envidiable durante los últimos diez años íbamos a pasar un rato juntos, celebrando el fin de una etapa y el inicio de otra, amenizando ese tiempo con actuaciones que nosotros mismos habíamos preparado.
Hace ya veinte años de aquella tarde en que subí al escenario como presentador de la fiesta, acompañado de mi compañera Mariángeles Malagón. Iba como un flan, siempre me han asustado los micrófonos y recuerdo que el que teníamos aquel día era imponente de grande.
Fuimos presentando las diversas actuaciones, entre las risas y los aplausos de los asistentes hasta que llegó mi turno, pues como uno vale igual para un roto que para un descosido, también me ficharon para formar parte de una parodia algo peculiar del desaparecido programa “lo que necesitas es amor”, pero al personaje al que yo daba vida estaba algo despistado y se confundió de programa, creyendo el pobre mío que iba a “quién sabe dónde”, con lo que tuve una fuerte discusión con don Jesús Puente.
Para mí fue muy emotivo cuando el director del colegio, don Pedro Sobrados, llamó al escenario a mi madre y le hizo entrega de un ramo de flores, animándola a seguir haciendo de mí un buen alumno y una buena persona.
A mí me entregó un cuadro que todavía conservo, como uno de mis recuerdos más queridos, con esa inscripción en Braille en el centro del mismo y recordándome siempre que el colegio Camacho Melendo fue el mejor prólogo que pudo tener la novela de mi vida.

Con todo mi cariño y respeto para los compañeros y profesores con los que compartí mi infancia en el Colegio Público Camacho Melendo de Priego de Córdoba
David Gámiz

Noche andaluza

Entro a casa una tarde más, el día de trabajo ha sido intenso como de costumbre, pero vengo satisfecho porque creo que finalmente la jornada ha sido provechosa. Dejo las llaves en la entrada, el bastón en su sitio y el móvil en la mesita de siempre. Me siento un momento en el sofá y…, como todas las tardes, poco antes de las nueve, apareces. Hace algunos meses que te escucho, estás justo encima de mí, y eres tan sensual como la seda recién tejida. Hoy estás tocando “noche andaluza”. Me ha encantado asistir a tu evolución, cuando te iniciaste en el piano hace unos meses, apenas tocabas dos acordes de mala manera, hoy me estás haciendo llorar con el sentimiento que pones a tu melodía.
Te estoy oyendo tocar mientras escribo y pienso que soy un afortunado por tener el privilegio de disfrutar casi en primera fila del espectáculo de tu concierto. A lo mejor, el día de mañana, eres un compositor o compositora famosa y yo puedo decir que asistí a tus comienzos. Algunos viven con vistas al mar y yo vivo con conexión a tu piano.
Tócala otra vez, estoy por decirte, qué bonito suena, casi puedo imaginarme uno de los barrios andaluces en los que Alameda se inspiraron para componer esta canción.
Has dejado de tocar, algún que otro pájaro despistado trina todavía a estas horas, seguramente protestará al igual que yo porque el piano haya detenido su música.
Mañana, nuevamente, me tendrás aquí, a eso de las 9, espectante, para deleitarme sea cual sea con la pieza que toques y para dar por concluído otro día de esa forma cálida y dulce a la que me estás acostumbrando.
David Gámiz

La música da vida

Hacía tiempo que no os recomendaba un disco y el que hoy os invito a escuchar, no es ninguna novedad, ya que se editó en 2013.
Yo había oído hablar de este artista por las calles de Málaga, solía aparecer en listas de spotifi de amigos a los que sigo y a los que les gusta el reggae y el hip-hop, pero no me había parado a escucharlo con tranquilidad y hoy, tras un día algo tedioso, mientras corría un rato en la cinta, retomando mi lucha personal contra los kilos de más, me decidí a escucharlo y he de deciros que me ha sorprendido gratamente.
“Al sur de la luna” de Little Pepe, es un grandísimo disco, realizado con una persona cuya único capital han sido sus sueños y sus ganas de lanzar al mercado este trabajo, y adrezándolo con el apoyo de los suyos.
Grandes temas son los que podemos encontrar entre las 19 canciones que componen este álbum. Destacaría el mensaje de “la música da vida”, la letra de “me tiene enamorao”, cuya versión remix es casi mejor que la original, los ritmos de temas como una vida al filo o díselo a tu gente, y personalmente me quedo con un temazo: mi cama te llama.
Sin más, os dejo su enlace en spotifi

La primera piedra

Dicen que cuando un edificio se comienza a construir, es simbólica la primera piedra que en el mismo se deposita, sobre la que se cimentará el proyecto y a partir de la que se irán amontonando todas las demás. En ocasiones, esa primera piedra, en edificios de cierta relevancia, la depositan personalidades importantes, políticos, monarcas…, haciendo ver al mundo la relevancia que el edificio que se va a levantar va a tener para la ciudad que lo alberga.
Yo hoy he tenido en mis manos esa primera piedra de un edificio, el cual no sé si llegará a ser grande como esas catedrales de las que Follett nos hablaba en sus pilares de la tierra o por contra no alcanzará el tamaño de un castillo de arena de esos que a menudo hago en la playa con mi pequeña Nayara.
El caso es que hoy el edificio ha cambiado de estado, pasando de la categoría de sueños inalcanzables a la de proyectos tangibles y ya no depende más que de mí el que el tamaño del edificio evolucione.
Pronto os contaré más.

La llamada del ángel

Hoy recibí una llamada, la voz de mi interlocutora se entrecortaba al otro lado del teléfono. No había mucha cobertura por la carretera, me parecía que lloraba, pero no de pena.

Pude entenderla cuando salimos del sinfín de curvas que mantenían al iphone descontrolado cual niño tras noche de reyes, y entonces el que se emocionó fui yo.

-He podido hacerlo -me repetía entre lágrimas. He podido hacerlo, porque vosotros creísteis en mí.

-No, -le dije-. En ti has creído tú, yo solamente me he limitado a empujarte cuando veía que necesitabas algo de impulso.

Me reiteró su agradecimiento, a lo que yo le respondí que los agradecidos éramos nosotros y colgó.

El día siguió, la vorágine de tareas inerentes a mi responsabilidad me impidieron detenerme un rato a valorar la llamada y cuando lo hice, fui yo el que tuve ante mí a esas personas que de una u otra forma, me han dado el empujón necesario cuando lo he necesitado, cuando las fuerzas me han fallado y cuando erróneamente, pensaba, que no iba a poder salir adelante.

Desfilan como un ejército de ángeles, solo puedo darles por combustible alguna que otra sonrisa y todo el cariño del que dispongo, aveces me siento mal porque no tengo tiempo para ellos, porque no les digo “te quiero” todo lo que debería o porque escribo relatos con finales trágicos en lugar de reflexiones como esta. Quizás ellos lo sepan, mi ejército de ángeles nunca piden nada. Hoy he escuchado reír a dos de ellas, una es muy pequeña, me decía que estaba comiendo lentejas con arroz, no habla demasiado, aunque con apenas oír de sus labios tres palabras al día, a mí ya me revitaliza. La otra es algo mayor, aunque aveces parece una niña, me contó sus andanzas de hoy y se fue volando, como hace siempre, lo que la hace especial.

Hoy me voy a dormir pensando en esos ángeles que todos tenemos a nuestro alrededor pero que quizás, no cultivamos, a los que no regamos lo suficiente con palabras, gestos de cariño y alguna que otra canción, por ejemplo, eso suele ir bien para que los ángeles, que en el fondo, son como plantas, no dejen de crecer a nuestro lado.