Soneto a la distancia

La distancia que existe entre nosotros
no pueden recorrerla los aviones,
pues si bien surcan los mares en segundos,
no saben aterrizar en corazones.
La distancia que a nosotros nos separa
no entiende de fronteras ni visados,
mas sabe que carente de palabras,
estamos sin remedio condenados.
Y yo no soy piloto, ni lo intento,
ni quiero forzar un aterrizaje,
solo sé que estoy loco de contento
porque aveces creo que inicio un nuevo viaje,
y otras veces, tan ligero de equipaje,
ansioso de volar, soy quien lo invento.

David Gámiz

Energía

A finales de Marzo llegó a mis manos otro disco de estudio de un viejo conocido en el Hip-Hop nacional, como es El Chojin. Su nuevo álbum lleva por título “energía”, y es eso lo que desprenden todas y cada una de las canciones que lo conforman. Después de IRA, álbum con el que en 2013 El Chojin daba un cambio a lo que nos tenía acostumbrados y nos dejaba un disco lleno de reflexiones y vivencias personales, nos encontramos ahora ante una serie de muestras de talento llenas de fuerza, realismo, reivindicación y algo de sensibilidad. Destacaría las colaboraciones, realmente bien escogidas para el disco, con grandes como ZPU y Rayden. Temas como guapa, el reto, to my friends, poder, nunca…, no os dejarán indiferentes. Os lo recomiendo.

David Gámiz

Besos

Echando un vistazo en Wikipedia, la enciclopedia libre, encontramos que:
“El 13 de abril de cada año, se celebra el Día Internacional del Beso, una fecha que surgió gracias al beso más largo de la historia, que duró 46 horas 24 minutos y 9 segundos. En muchas ciudades, diversos tipos de concursos se organizan este día, principalmente aquellos en los que los participantes deben establecer registros de besos.
El 6 de julio es el Día del Beso Robado, que se festeja en el Reino Unido y es una celebración independiente, aunque similar, a la del Día Mundial del Beso, el 13 de abril.
La idea que hay detrás del Día Internacional del Beso es que al parecer muchas personas han olvidado los simples placeres asociados con el beso por el beso mismo, a diferencia del besarse como mera formalidad social o como preludio de las relaciones sexuales o de otras actividades. El besarse puede ser una experiencia gozosa y placentera por sí misma. Es una expresión de la intimidad.
También ha funcionado como contrapeso a prohibiciones que existen en algunas ciudades y en algunos países que impiden que las personas se besen o incluso se abracen: por ejemplo, el caso de un profesor que fue arrestado unas horas en la ciudad de León, en el estado de Guanajuato, en México.
El Día Internacional del Beso no es aún tan comercial como el Día de San Valentín, también llamado día del amor y la amistad”.
Yo, tras un delicioso plato de menestra de verduras y unos filetitos de pechuga a la plancha, la dieta y sus cosas, me he parado un rato a pensar en esta pequeña reseña y en lo que subyace de ella.
Dejando atrás el hecho de que hoy a casi todo le buscamos un día, lo que me lleva a pensar que a las cosas a las que les buscamos ese día es porque las consideramos importantes pero el resto del año estamos demasiado ocupados como para prestarles la atención que merecen y luego cuando menos acordamos, pensamos aquello de: hay, tenía que haber dado más besos los 364 días del año restantes y no solo el 13 de abril, que le dí besos a todo aquel con el que me crucé, para celebrar el día.
Ahondando en las razones que originaron este día, y sin salirnos mucho de la argumentación del párrafo anterior, la cuestión es que hoy el darse un beso lo hemos convertido en algo meramente social, dejando atrás el cariño, la ternura o la energía revitalizante que puede ocultar la acción en sí.
¿Cuántas parejas no habrá que al llegar a casa se reciban con una mirada huidiza, un monosílabo y un gesto serio, que denota cansancio y astío, en lugar de dedicarse escasos segundos en darse un abrazo y un beso, que quizás responda a todas las preguntas, necesidades y espectativas del otro para un día cargado de alegrías, dudas o incertidumbres?
¿Cuántos padres aguardarán ese beso de sus hijos cuando llegan del colegio apresurados, en busca del plato de comida y del móvil para enviarse besos de esos con iconos por whatsapp?
¿Cuantos padres ignoran que quizás sean ellos, los que en la más tierna infancia de esos niños, con sus vidas apresuradas y en su rutina diaria, han obviado ese gesto para sus hijos que ahora hechan de menos de ellos?
¿Cuantas personas que se aman suspiran por el beso de la persona amada y no lo pueden disfrutar porque una distancia geográfica les separa de ella?
¿Cuantos ancianos añoran en residencias un beso cada día y en su lugar obtienen las prisas de sus cuidadores y la cruel condena del olvido?
¿Cuántos besos se dan?
¿Cuántos se quedan sin dar¿
A eso deberíamos dedicar este día, al beso que no se da, al beso que se echa de menos, al beso que un día vuelve y nos dice: tenías que haberme dejado salir de tus labios antes, al que no damos a la persona que está pasando por un mal momento, al que obviamos y no damos a alguien que queremos porque presuponemos que ese alguien ya sabe que nosotros estamos ahí para lo que necesite, al que no damos para pedir perdón a quien hemos dañado por orgullo o por cobardía, o al que no damos porque nuestra timidez nos hace pensar que la otra persona no lo recibirá con el cariño que nosotros le queremos imprimir.
Por todos esos besos que no se dan y por la esperanza de un mundo mejor si llegan a darse, vaya este post, el que conectaré con mi playlist diaria en Spotifi
Sobremesa de café y música
A la que como no podría ser de otra manera, hoy añadiré esta canción
Ver besos, el canto del loco en youtube

David Gámiz

Nunca el tiempo es perdido

Decía una vieja canción del maestro Manolo García que “nunca el tiempo es perdido”, que aunque nos parezca que de aquello que hacemos, no estamos sacando nada, que no nos va a portar ninguna riqueza material o espiritual y que a lo peor hasta nos llevamos un mal rato y el corazón partío como cantaba este señor al que ahora llaman coach.
Yo no sé si eso será cierto, pero en ocasiones, a mí al menos me sucede, que cuando estás con alguna persona, a la que intentas aportarle algo, ya sea un consejo, una palabra de ánimo si la ves decaída, un abrazo o un gesto de cariño y no obtienes más que indiferencia, me pasa que en ocasiones rebatiría el argumento del SR. García y le diría que siento que estoy perdiendo mi tiempo.
Luego me pongo a reflexionar, en la tranquilidad de mi sofá, mi ipad y un té rojo con sacarina, la dieta y sus cosas, que le hacen variar a uno sus costumbres, por lo de la sacarina digo, porque la música y el té, siguen siendo los mismos. El caso es que no sé si para sentirme yo mejor, para digerir mejor la sacarina y las canciones y para creer más que nada que el tiempo que uno usa en hacer cosas que cree valen para algo no está cayendo en saco roto, me mentalizo en la creencia de que las personas que cada día son más reacias a cualquier muestra de afecto, a las personas que ante una llamada de teléfono preguntando simplemente ¿qué tal estás? responden como con prisas, como si el colgar fuera una mera cuestión de supervivencia, a esas personas que viven más la vida de los demás que las suyas propias, no sé si porque la que les ha tocado se les queda pequeña, a los que aman más una ideología que un trozo de piel, absorven lo poco o mucho que uno tenga para darles y en el futuro, ya sea hoy, mañana, o dentro de mil años, dejarán salir una sonrisa tenue de sus labios cuando recuerden que alguien, da igual si eres tú, yo, quien sea, le intentó un día ofrecer algo que creo tiene un valor incalculable, su tiempo.

David Gámiz

La Sole. Relato

La Sole es una niña de mi clase. La Sole apenas habla con nadie, de vez en cuando la veo con un par de compañeras, tímidas como ella, de esas que se sientan en la primera fila y prestan atención a lo que explican los profesores en lugar de enviar whatsapp a sus amigos. La sole aveces se te queda mirando y cuando lo hace, parece como que el mundo se detiene, da la sensación de que te atrapa en una extraña burbuja, incómoda aveces, de la que yo al menos, no sé salir; en cambio, aveces la Sole te dedica unas miradas cargadas de un cariño tan especial, tan íntimo, como si pudiera y supiera en todo momento qué es lo que te pasa, qué te preocupa y la forma en la que puede ayudarte. A mí al menos, cuando me mira así, me gustaría que el tiempo se detuviera, que no hubiera nada que pudiera separarnos y que solo el negro de sus ojos fuera el guardián de los secretos que mi corazón esconde.
La Sole no está cuando la seño pasa lista, nunca dice “presente”, mas todos sabemos que ha venido a clase, porque podemos sentirla, cada uno de una forma diferente y la seño no le pone una cruz roja en el parte de faltas porque yo sé que ella también la siente, me lo dicen sus ojos, sus palabras cargadas de amor y miedo, sus gestos y su voz y estoy segura, que la Sole también se ha dado cuenta y es por esto, que jamás habla en clase, lo que seguro que le ha evitado que la seño la ponga mirando a la pared como le sucede a Raúl, que siempre arma jaleo mientras la seño explica geografía y habla de lejanos países.
Cuando Raúl está mirando a la pared, soportando las burlas de sus dos compañeros de pupitre, Félix, el niño alto y delgaducho que siempre anda metiéndose con las chicas y el otro, Armando, el que anda detrás de mi amiga Sofía, lo he visto hablar con Sole. En esos momentos, le cuenta que está harto de esos dos, que lo toman por tonto, que lo usan como divertimento en las clases y que no los manda a paseo porque teme que las represalias le cuesten un disgusto. La Sole lo escucha y no dice nada, pero Raúl sabe que lo entiende y esa sensación de saberse comprendido, hace que la hora que pasa de cara a la pared se vaya en un suspiro, pues la Sole le convence para que su mente abandone la clase y viaje por lugares remotos del planeta, más lejanos aún que los que la seño explica en la clase de geografía, donde lo mismo lucha con gigantes fornidos y malvados que tienen presa a una doncella preciosa a la que él rescata y convierte en su esposa, que se tumba a tomar el sol en una idílica playa de cualquier desierta isla, donde vé como el anochecer devora al día mientras él hace lo propio con un enorme paquete de patatas fritas.
La Sole no invita a otros niños a su casa, no sé si es porque hay algo allí que no quiere que veamos o por la timidez de la que antes hablaba, sin embargo, ella sí que se cuela en las casas de todos los de la clase, la hayamos o no la hayamos invitado. Mi amiga Marta, me contó en cierta ocasión que hubo una noche en la que sus padres discutieron por algún asunto de esos que solo los mayores entienden y que cuando su padre se fue de casa, dando un tremendo portazo, ella la pudo ver, abrazada a su madre, compartiendo con ella cada una de las lágrimas que derramaba. Mi amiga me dijo que cuando se acercó a preguntarle qué hacía allí, ya no estaba, se había esfumado como si se tratara de un fantasma de los que salen en las películas de miedo.
Esto me extrañó mucho cuando Marta me lo contó, incluso me asusté y no quise mirar a la Sole cuando se acercaba a mí, pero cuando se lo dije a Sofía, la niña de la que anda detrás el amigo de Raúl, me contó algo muy diferente. Ella me dijo que un día, su hermanito se puso muy enfermo y sus padres tuvieron que salir corriendo para el hospital. Ella tuvo mucho miedo, pues su casa era muy grande y pensaba que podía ser presa de fantasmas y monstruos de los que salen en las películas de miedo, pero cuando menos lo esperaba, en su sofá apareció la Sole, llenando la estancia de palabras tranquilizadoras y llevando a Sofía a un dulce sueño, en el que al despertar, comprobó con inmensa alegría que sus padres y su hermanito ya estaban en casa.
Cuando Sofía me contó todo esto, se me pasó un poco el miedo que le había cogido a la Sole y un día que andaba algo tristona en el recreo, porque había suspendido un examen de mates y no sabía como decírselo a mis padres, la vi acercarse a mí y sentarse a mi lado.
-No tienes porqué preocuparte Ana –me dijo-. Dirígete a tus padres con sinceridad, ellos te van a entender, tú eres una niña muy buena, apenas suspendes nada y nunca les das disgustos ni quebraderos de cabeza como tu hermano que siempre anda en líos. Habla con sinceridad a tus padres, diles la verdad, que te pusiste muy nerviosa, que estabas pensando en mil cosas a la vez y no te salió bien el ejercicio, pero que de los errores se aprende y que la próxima vez, pondrás los cinco sentidos en que salga bien. Ya me contarás lo que te han dicho, ahora tengo que irme. Por cierto, no me tengas miedo y si alguna vez me necesitas, ponte frente a un espejo y llámame por mi nombre, yo acudiré a ayudarte.
Desde ese día, cuando la necesito, suelo acudir a ella, para pedirle consejos, contarle mis cosas, hablarle de mis sueños y de mis desvelos, sincerarme con ella y ponerme en paz conmigo. Fijaos si nos hemos hecho amigas, que ya no la llamo la Sole, ya me he atrevido a llamarla por su nombre: Soledad.

David Gámiz

Mi lectura de semana santa

Hay veces que cae en nuestras manos, a´sí como de casualidad un libro en el que, cuando comenzamos a hojearlo, no tenemos demasiadas espectativas, incluso da la impresión que va a ser tedioso, por lo abultado, pero luego pasa que te sumerges en sus páginas y cuando quieres acordar, lo has terminado y dices aquello de: “¿ya, tan pronto? Y te quedas con cara de tonto, como queriendo decirle a la protagonista, “oye, que no te has despedido de mí, podías haber avisado de que te ibas a ir así, de golpe, sin saludar ni nada”.
Algo así me ha sucedido con la novela que he elegido para esta semana santa. “Todo lo que hiciste por mí”, de Rafael Avendaño y Juan Gallardo.
Comenzaré por deciros que he aprendido mucho con este libro, fundamentalmente de redes sociales y de los peligros que se ocultan tras las mismas. Esto, que estamos cansados de escucharlo en los medios de comunicación, y que siempre nos resbala como el agua de lluvia en impermeable, se vé mucho más evidente en una novela como esta, con personajes cotidianos, con escenarios que podrían estar ocurriendo hoy mismo y con una trama absorvente y realmente bien construída.
Este libro te hará pensar, si tienes un hijo en la adolescencia, a lo mejor tras leerlo cuestiones que pasas de largo las comienzas a ver de otra forma y te paras a valorar si ese rol de padre que la vida te ha encomendado, lo estás abordando de una forma correcta.
Me han parecido realmente acertadas las pinceladas que da el libro a circunstancias que todos podemos encontrarnos en la actualidad: discapacidad, homosexualidad, delincuencia, miedo al rechazo…
Y no os voy a adelantar más, porque sería destripar el libro.
Os dejo una reseña mucho más detallada, extraída de la web
Abrir un libro
Y os animo a que os zambuyáis en esta historia. No os dejará indiferentes.
Ver reseña
David Gámiz