Empatía y fútbol

Hoy me voy a poner en la piel de los aficionados del Real Madrid residentes en Córdoba que acudieron el sábado al

Nuevo Arcángel a disfrutar de una tarde de fútbol de su equipo.
Siempre he creído ser una persona empática, que practica de forma habitual la escucha activa y con algo de

paciencia, tampoco mucha, pero la justa para soportar estóicamente los reveses de la vida, así que es por eso que

voy a hacer con vosotros este ejercicio a fin de entrar en el corazón de alguien que no siente como yo, para

intentar comprenderlo.
Imaginemos pues al aficionado merengue, al que por ponerle nombre y no dejarlo en el anonimato llamaremos Arturo,

le pongamos una edad, treinta, y sus rasgos físicos, los dejo al libre albedrío de vuestras cándidas mentes.
Arturo compró su entrada unos días antes del partido, pagó por ella algo más de 100€, al elegir una localidad de

tribuna, se dijo que iba a asistir a un espectáculo que no se daba en Córdoba desde hacía más de cuatro décadas,

con lo que la cosa lo merecía. Convenció a su madre de que no comía en casa el sábado, a su recién estrenada novia

de que tenía una cuestión ineludible y que le compensaría las horas dedicadas al Madrid de sus amores con una cena

en el Caballo Rojo y a su jefe…, bueno, le costó algo más, pero logró sacarle dos horillas libres, con la cosa de

que también él iba al fútbol y este hecho hizo que se le ablandara el corazón, cosas que solo los futboleros

entienden.
Se fue un ratito antes, el ambiente en las inmediaciones del campo era espectacular, el día era soleado, las

aficiones cantaban y animaban sin insultos ni polémicas, y la hora, que invitaba a ello, teñía el ambiente de

cervecitas, tapas de salmorejo e ilusiones de todos los colores.
Arturo entra al campo con una sensación especial, últimamente ha ido a ver al Córdoba, le gusta hacerlo y anima

como el primero al equipo de su ciudad, valora el esfuerzo que ha hecho por llegar donde ha llegado, pero en el

fondo, siempre ha sido y será del Madrid. Por eso, sentir hoy tan cerca a los que son sus hídolos, le llena de

emoción.
El partido comienza con un emotivo minuto de silencio en honor a Litri, pero cuando aún muchos espectadores no

estaban ni colocados en sus asientos, ocurre algo que no estaba en el guión, al Córdoba se le está dando bien lo de

marcar pronto, piensa, y el estadio se convierte en una verdadera olla a presión tras el penalty de Ramos y el

posterior gol de Ghilas. No puede evitar sentir algo en su corazón, ese sentimiento de cariño lucha por salir del

interior y celebrar con los demás el tanto cordobesista, pero no puede.
¿Quién será este tío al que ha fichado el Córdoba en el mercado de invierno? Se pregunta, nos está destrozando,

joder y el Madrid, ¿donde está? a los veinte minutos, aún lo estoy esperando.
Siente desazón, esa sensación de no estar viendo lo que esperaba, pero orgullo en el fondo de sus entrañas, han

pasado por su cabeza en varias ocasiones pensamientos tales como: “hay que ver estos tíos, que entre todos no ganan

ni lo que uno solo de los del Madrid y les están poniendo más bemoles a la historia”.
En estas está cuando llega el empate de Benzema, es celebrado por muchos, pero no por tantos como él esperaba, la

gente lo toma como algo que se presumía inevitable y que en cierta manera ha tardado en llegar más de lo que se

esperaba y que al fin y al cabo no hace más que equilibrar una balanza en la que aveces, el fútbol, es lo que menos

importa
El descanso llega entre aplausos y comentarios de todo tipo: “yo hubiera firmado llegar con este marcador al

descanso”, “ahora en la segunda parte nos desinflaremos y nos meterán cinco o séis”, “Bebé está jugando de puta

madre”, “jugando así, este equipo no baja”, “el Madrid hoy nos gana en el último minuto, ya veréis”…
Se comió el bocadillo de mortadela con pocas ganas y esperó que comenzara la segunda parte, la que se inició como

había concluído el primer acto, con la sensación de que aquel no era para nada el Madrid que se esperaba en el

feudo califal.
Con el paso de los minutos Arturo se hizo a la idea de que el partido iba a terminar en tablas. “Bueno, se decía,

luego podré contarle a mis nietos que yo vi al Madrid empatar aquí”.
Su novia le envió un whatsapp: “¿como vas cariño, qué tal va el fútbol? Lo estás pasando bien? Te quiero mucho”.

Estaba improvisando una respuesta corta en la que fuera capaz de englobar todos los sentimientos contradictorios

que su corazón había generado, cuando un griterío ensordecedor le izo levantar los ojos de la pantalla del

teléfono. Algo gordo había pasado. ¡No podía ser! -pensó-. Cristiano Ronaldo había sido expulsado, él no había

visto la jugada, pero debía haber sido algo muy evidente porque el colegiado no había dudado, y pudo ver, retirarse

del campo, abucheado por todos, al hombre cuya cara cubría las paredes de su cuarto en pósters y recortes de

periódico.
Al final, tuvo razón el que hizo la predicción agorera del gol en el último minuto, apenas un aplauso leve y una

sonrisa forzada fue lo único que salió de él tras el 1 a 2.
Y todo acabó, y el estadio poco a poco se fue vaciando, y los comentarios se sucedieron mientras Arturo descendía

la escalerilla: “le hemos echado más cojones que nadie”, “aquí no han podido meter ocho”, “yo creo que a este

nivel, podemos salvarnos”, “sí sí, lo que queráis, muy bien jugado y todo, pero los puntos se los llevan ellos”,

“verás como a Cristiano por lo que ha hecho no le cae más que un partido, dos a lo sumo”…
Y él siguió descendiendo, y con cada escalón que bajaba, se sentía más defraudado, pero curiosamente, más

orgulloso. No entendía a lo que había jugado su equipo, no entendía los pases sin sentido, el temblor en las

piernas que parecían tener los blancos cuando Bebé merodeaba el área madridista, no entendía la inseguridad, el no

saber que hacer con el balón, y no entendía sobre todo el resultado del partido.
-desengáñate muchacho -dijo un señor que descendía las escaleras a su lado-. A mis setenta años, la vida me ha

enseñado algo, que en el amor y en el deporte, la fortuna siempre se alía con los guapos y los ricos, dejándonos a

los poco agraciados y sin dinero la bella tarea de soñar…, ¿pero sabes algo?nosotros, cabalgando a galope a lomos

de nuestros sueños, siempre seremos más felices.

Para Jesús Aguilera Gámiz, artífice de que sean muchos años los que llevo soñando en blanco y verde

David Gámiz

No hay sitio para mí en su vida

En el parque apenas había gente a a aquellas horas, los niños acababan de salir de los colegios y o bien estaban almorzando o durmiendo una merecida siesta. Un joven miraba su móvil sentado al sol en uno de los bancos más apartados, pero el mensaje que esperaba no terminaba de llegar.
Miró a su alrededor, como si el cielo pudiera traerle las respuestas que buscaba a unas preguntas que no sabía como había llegado a formularse, cuando el teléfono por fin vibró…
El remitente de aquella llamada no era quien él deseaba, pero en cierta forma le alegró recibirla, no la esperaba y quien había al otro lado de la línea, a lo mejor podía aconsejarle.
-Hola Juan -dijo-. Me alegra oírte.. Sí, es verdad, soy un descastado, ya no recuerdo ni la última vez que te llamé y…, al final, siempre terminas llamando tú, pero no es porque no me acuerde de ti, bien lo sabes.
-¡Cómo estás tío? ¿Y Paula? Ya tiene que estar muy grande… Tengo ganas de ir a veros. Pues yo estoy regular, sí, no sé como lo haces que siempre que me llamas me pillas metido en alguna buena, pero lo de ahora si es un problema tío, creo que voy a dejar a Bea…, no hay sitio para mí en su vida.
¿Que te explique eso? Pues es muy sencillo de explicar, tú sabes que comenzamos a salir hace tres años, cuando tú vivías aquí todavía, y al principio todo era genial, no sé, nos lo contábamos todo, si había algo que a uno le preocupaba siempre se lo confiaba al otro, éramos super detallistas los dos, nos encantaba prepararnos sorpresas, demostrarnos que nos queríamos…, incluso no podríamos decir que no éramos una de esas parejas sumamente dependientes el uno del otro, qué va tío, tú sabes que ella y yo siempre hemos respetado nuestro espacio, ella siguió con su academia y sus cursos de baile, yo con mi gimnasio y el atletismo…, es que nos compenetrábamos tanto, no sé, yo creo que todo se ha estropeado de tan perfecto como era.
El caso es que de un tiempo a esta parte, y seguro que soy yo el culpable, no lo niego, noto que ella no está por la relación, una cosa es que tengamos nuestros trabajos, cada uno sus aficiones, nuestros ratos para salir con amigos por separado, eso es bueno, oxigena la pareja, pero es que ya no es eso y es muy difícil de explicar, haber como lo hago, llega un sábado en navidad y se va con su hermana al pueblo a hacer no se qué historia de un belén viviente, al otro, el baile, al otro, un taller de bailes orientales que ella considera interesantísimo y yo no lo niego…, el caso es que llevamos por lo menos desde noviembre sin hacer nada juntos, y yo le he propuesto viajes, cenas, veladas en casa por si viene cansada y no le apetece salir y creo que el problema no es ella, soy yo, pero no por nada, porque sobro en su vida, ella trabaja muchísimo entre semana, y los fines de semana no desconecta, pero no porque no pueda Juan, porque no quiere, pero no quiere porque le gusta lo que hace y yo la debo dejar porque la estoy perjudicando…
Pues yo no considero que sea ninguna tontería lo que estoy diciendo Juan, creo que no le hago bien, pero no yo, el hecho de tener una relación, ella es una tía super activa y necesita realizarse ahora, ya tendrá tiempo de estar con un chico más adelante, que soy yo, estupendo, que es otro, pues que sean felices…
Sí, de verdad que pienso así, y no estoy de acuerdo contigo cuando me llamas cobarde, creo que he luchado por ella todos estos meses y en ese sentido tengo la conciencia tranquila.
-No, no se lo he dicho todavía, pero hemos quedado para comer a las tres, estaba haciendo tiempo sentado en el parque en el que nos conocimos cuando tú me has llamado, de hecho, no sé ni siquiera si vendrá, me dijo que me enviaría un whatsapp para confirmármelo, pues dependía de que le anularan una clase que tenía a las tres y media.
-No, aún no he recibido nada.
-Pues claro que antes de tomar la decisión le voy a decir todo esto Juan, es el último cartucho que me queda, estoy como el equipo desesperado que tiene un córner en el minuto 93, pero ni esto es Lisboa ni yo soy Sergio Ramos
-Qué cabrón eres, ya sé que Bea tampoco es Pilar Rubio. El caso es que mi decisión está tomada, voy a hablar con ella y a decirle que no hay sitio para mí en su vida y que tampoco pretendo que aparte otras cosas para hacérmelo.
-Corre anda, no vaya a ser que se te peguen los macarrones. Oye muchas gracias por escucharme Juan, te juro que te llamo pronto y te cuento como ha ido todo. Se me olvidaba, no creo que ella te llame a ti, no tendrá tiempo para hacerlo, pero si lo hace, en honor a las buenas tardes de cañas y pelis que pasamos los cuatro juntos, échame un cable. Un abrazo tío.
A espaldas del joven, oculta totalmente a su vista, una chica se había sentado en otro banco y leía distraídamente una revista de automovilismo. Se levantó cuando dejó de oír hablar al joven y se acercó a él.
-Discúlpame -dijo-. No he podido evitar oírte. A mí una vez me pasó algo parecido a lo que a ti te pasa ahora.
-¿Y qué me pasa, según tú?
-Pues que quieres a una persona, pero notas que se te escapa de las manos como la espuma.
-Puede ser.
-Pues yo creo que buena parte de la culpa de que eso esté sucediendo la tienes tú, como en su día la tuve yo…, pero lo tuyo tiene arreglo, yo perdí a la persona a la que amaba. Sabes, lo recuerdo a diario, era un chico genial, atento, cariñoso, atractivo, era la típica persona que atrae a las chicas, tenía algo especial y yo tuve la suerte de que se fijara en mí. Pero ese algo especial que él tenía, hacía que también se involucrara en muchas cosas, voluntariados, un equipo de fútbol, una cofradía en semana santa, una protectora de animales…, y yo pensé al igual que tú, que no tenía sitio para mí en su vida.
Con el tiempo, y cuando decidí dejarlo, comprendí que estaba equivocada, que lo único que no tenía era seguridad y confianza en mí misma.
Si hubiera tenido seguridad en mí misma, habría comprendido que él me quería a mí como pareja, que es algo independiente a todas sus actividades, si hubiera tenido seguridad en mí, habría entendido que todas sus aficiones, sus gustos, sus manías incluso, ya estaban ahí cuando le conocí y que pretender cambiarlo, habría sido modificar a la persona de la que un día me había enamorado, si hubiera tenido confianza en mí, no habría buscado sitio en su vida, pues al buscar yo ese sitio lo que ponía en evidencia es que era yo quien se estaba excluyendo y más que un sitio como una mera espectadora, habría debido de buscar la forma de compartir junto a él el palco de honor, en definitiva, si hubiera tenido confianza en mí misma, habría creído en las cosas que nos unen y no en las que nos separan.
El whatsapp sonó en el móvil del joven:
“Me han anulado la clase, ¿nos vemos donde siempre?

Para Eli, la que con sus acertadas reflexiones ha puesto las piezas necesarias para dar forma a esta historia

David Gámiz

¡Sálvese quien quiera!

Comenzamos otro año, renovando sueños, ilusiones, ambiciones, amores, desamores, poniéndonos metas de esas que vamos a tardar en deshechar lo mismo que tarda un terrón de azúcar en disolverse en una infusión caliente…
Comenzó un 2015, repleto de parabienes, aunque para muchos, el año comenzó incluso con una crisis superior a la del año que nos dejaba, puesto que por no tener, no tuvieron ni campanas con las que festejar las ubas…, en fin, cosas del directo.
Comenzó un año combulso en los mercados, aquel que tuviera la feliz idea de acudir al mercado continuo y adquirir cualquiera de las acciones que cotizan en el Ibex 35 como regalo de reyes, habrá comprobado en estos días que los valores que están al alza para sus magestades son la ilusión y el cariño, no el beneficio y la rentabilidad. Y es curioso, porque hoy, que los reyes volvieron a su paraíso de Oriente, el selectivo español se apuntó un 2,26%, con lo que este detalle, unido a que el roscón de reyes que quedaba en mi frigorífico ya ha desaparecido, me hace sospechar, no sin cierta dosis de pena, que la navidad, ha finalizado.
El año también comenzó combulso para algunos clubs de fútbol. El Real Madrid, por ejemplo, que lleva una racha de tres derrotas consecutivas, si bien una de ellas era en partido amistoso, a lo mejor como antes había logrado veintidós triunfos de forma ininterrumpida, ahora quiere lograr la misma cifra pero invirtiendo las tornas…, vaya usted a saber, sobre gustos colores o como decía un viejo amigo, en la variedad está la diversión.
En el Barça por contra, hay otro tipo de problemas, y es que ahora mismo, ese club parece el crucero aquel que naufragó no hace mucho en la costa italiana y en el que nadie parecía tener la culpa pero en el que todos fueron a pique…, o aplicando el refranero popular castizo, “entre todos la mataron y ella sola se murió”. Los unos dicen que Mesi es el culpable, otros dicen que es Luis Enrique y la mayoría echan la culpa al presidente que no va a tardar en abandonar el barco.
Y entre toda esta vorágine, hay un equipo que ha comenzado con buen pie, para alegría y sosiego de sus seguidores, que no es otro que mi Córdoba Club de Fútbol, al que estoy seguro que la navidad le va a durar todo el año.
Aderezamos esta ensalada de ambientes combulsos con la impotencia que siento al ver que un grupo de fundamentalistas radicales, usando el nombre del dios en el que supuestamente creen, terminan con la vida de personas inocentes, cuyo único pecado había sido no creer en ese dios.
Para mí el 2015 no está siendo tan caótico. Tuve la fortuna de comerme las ubas al ritmo de campanadas que no sufrieron cortes inoportunos, no caí en la tentación de adquirir al mercado de valores para comprar mis regalos de reyes, me decanté por el de las sonrisas, soy del Córdoba, con lo que las crisis de los equipos combulsos, esta vez, no me afectan y rezo cada noche porque a los míos no les falte de nada, con la combicción de que mi dios no me va a pedir que mate a nadie para atender mis plegarias.
En cualquier caso, hoy escuché en mi querido Spotifi una canción que no le va mal a lo que llevamos de año y con ella os dejo, eso sí, deseando que todos viváis exactamente el 2015 que habéis deseado en vuestros mejores sueños.

David Gámiz