Qué bonita la vida

Por estas fechas, el año pasado, los cordobesistas saltábamos de alegría. Lo que pasó en Las Palmas no lo olvidaremos nunca, ni tampoco la temporada que hemos vivido en primera, con sus luces y sus sombras, más de las que oscurecen que de las que iluminan, todo hay que decirlo.
Ahora, un año después, aquellos que lloraban en el estadio Insular, echan a volar al viento banderas amarillas, y cantan aquello de “sí se pudo”, pensando con toda seguridad que el fútbol, el destino o la diosa fortuna, les debía una.
En Zaragoza en cambio, se han quedado con la miel en los labios, como se quedaron los que hoy ríen el año pasado. Quizás, el año que viene, la plaza de España de la ciudad maña, sea la que eleve al viento sus banderas, o a lo mejor somos los cordobesistas los que volvemos a las Tendillas tras un año de éxitos.
Va a tener razón Dani Martín con aquellas palabras: “qué bonita la vida, que da todo de golpe y después te lo quita”…

David Gámiz

Empatía y fútbol

Hoy me voy a poner en la piel de los aficionados del Real Madrid residentes en Córdoba que acudieron el sábado al

Nuevo Arcángel a disfrutar de una tarde de fútbol de su equipo.
Siempre he creído ser una persona empática, que practica de forma habitual la escucha activa y con algo de

paciencia, tampoco mucha, pero la justa para soportar estóicamente los reveses de la vida, así que es por eso que

voy a hacer con vosotros este ejercicio a fin de entrar en el corazón de alguien que no siente como yo, para

intentar comprenderlo.
Imaginemos pues al aficionado merengue, al que por ponerle nombre y no dejarlo en el anonimato llamaremos Arturo,

le pongamos una edad, treinta, y sus rasgos físicos, los dejo al libre albedrío de vuestras cándidas mentes.
Arturo compró su entrada unos días antes del partido, pagó por ella algo más de 100€, al elegir una localidad de

tribuna, se dijo que iba a asistir a un espectáculo que no se daba en Córdoba desde hacía más de cuatro décadas,

con lo que la cosa lo merecía. Convenció a su madre de que no comía en casa el sábado, a su recién estrenada novia

de que tenía una cuestión ineludible y que le compensaría las horas dedicadas al Madrid de sus amores con una cena

en el Caballo Rojo y a su jefe…, bueno, le costó algo más, pero logró sacarle dos horillas libres, con la cosa de

que también él iba al fútbol y este hecho hizo que se le ablandara el corazón, cosas que solo los futboleros

entienden.
Se fue un ratito antes, el ambiente en las inmediaciones del campo era espectacular, el día era soleado, las

aficiones cantaban y animaban sin insultos ni polémicas, y la hora, que invitaba a ello, teñía el ambiente de

cervecitas, tapas de salmorejo e ilusiones de todos los colores.
Arturo entra al campo con una sensación especial, últimamente ha ido a ver al Córdoba, le gusta hacerlo y anima

como el primero al equipo de su ciudad, valora el esfuerzo que ha hecho por llegar donde ha llegado, pero en el

fondo, siempre ha sido y será del Madrid. Por eso, sentir hoy tan cerca a los que son sus hídolos, le llena de

emoción.
El partido comienza con un emotivo minuto de silencio en honor a Litri, pero cuando aún muchos espectadores no

estaban ni colocados en sus asientos, ocurre algo que no estaba en el guión, al Córdoba se le está dando bien lo de

marcar pronto, piensa, y el estadio se convierte en una verdadera olla a presión tras el penalty de Ramos y el

posterior gol de Ghilas. No puede evitar sentir algo en su corazón, ese sentimiento de cariño lucha por salir del

interior y celebrar con los demás el tanto cordobesista, pero no puede.
¿Quién será este tío al que ha fichado el Córdoba en el mercado de invierno? Se pregunta, nos está destrozando,

joder y el Madrid, ¿donde está? a los veinte minutos, aún lo estoy esperando.
Siente desazón, esa sensación de no estar viendo lo que esperaba, pero orgullo en el fondo de sus entrañas, han

pasado por su cabeza en varias ocasiones pensamientos tales como: “hay que ver estos tíos, que entre todos no ganan

ni lo que uno solo de los del Madrid y les están poniendo más bemoles a la historia”.
En estas está cuando llega el empate de Benzema, es celebrado por muchos, pero no por tantos como él esperaba, la

gente lo toma como algo que se presumía inevitable y que en cierta manera ha tardado en llegar más de lo que se

esperaba y que al fin y al cabo no hace más que equilibrar una balanza en la que aveces, el fútbol, es lo que menos

importa
El descanso llega entre aplausos y comentarios de todo tipo: “yo hubiera firmado llegar con este marcador al

descanso”, “ahora en la segunda parte nos desinflaremos y nos meterán cinco o séis”, “Bebé está jugando de puta

madre”, “jugando así, este equipo no baja”, “el Madrid hoy nos gana en el último minuto, ya veréis”…
Se comió el bocadillo de mortadela con pocas ganas y esperó que comenzara la segunda parte, la que se inició como

había concluído el primer acto, con la sensación de que aquel no era para nada el Madrid que se esperaba en el

feudo califal.
Con el paso de los minutos Arturo se hizo a la idea de que el partido iba a terminar en tablas. “Bueno, se decía,

luego podré contarle a mis nietos que yo vi al Madrid empatar aquí”.
Su novia le envió un whatsapp: “¿como vas cariño, qué tal va el fútbol? Lo estás pasando bien? Te quiero mucho”.

Estaba improvisando una respuesta corta en la que fuera capaz de englobar todos los sentimientos contradictorios

que su corazón había generado, cuando un griterío ensordecedor le izo levantar los ojos de la pantalla del

teléfono. Algo gordo había pasado. ¡No podía ser! -pensó-. Cristiano Ronaldo había sido expulsado, él no había

visto la jugada, pero debía haber sido algo muy evidente porque el colegiado no había dudado, y pudo ver, retirarse

del campo, abucheado por todos, al hombre cuya cara cubría las paredes de su cuarto en pósters y recortes de

periódico.
Al final, tuvo razón el que hizo la predicción agorera del gol en el último minuto, apenas un aplauso leve y una

sonrisa forzada fue lo único que salió de él tras el 1 a 2.
Y todo acabó, y el estadio poco a poco se fue vaciando, y los comentarios se sucedieron mientras Arturo descendía

la escalerilla: “le hemos echado más cojones que nadie”, “aquí no han podido meter ocho”, “yo creo que a este

nivel, podemos salvarnos”, “sí sí, lo que queráis, muy bien jugado y todo, pero los puntos se los llevan ellos”,

“verás como a Cristiano por lo que ha hecho no le cae más que un partido, dos a lo sumo”…
Y él siguió descendiendo, y con cada escalón que bajaba, se sentía más defraudado, pero curiosamente, más

orgulloso. No entendía a lo que había jugado su equipo, no entendía los pases sin sentido, el temblor en las

piernas que parecían tener los blancos cuando Bebé merodeaba el área madridista, no entendía la inseguridad, el no

saber que hacer con el balón, y no entendía sobre todo el resultado del partido.
-desengáñate muchacho -dijo un señor que descendía las escaleras a su lado-. A mis setenta años, la vida me ha

enseñado algo, que en el amor y en el deporte, la fortuna siempre se alía con los guapos y los ricos, dejándonos a

los poco agraciados y sin dinero la bella tarea de soñar…, ¿pero sabes algo?nosotros, cabalgando a galope a lomos

de nuestros sueños, siempre seremos más felices.

Para Jesús Aguilera Gámiz, artífice de que sean muchos años los que llevo soñando en blanco y verde

David Gámiz

¡Sálvese quien quiera!

Comenzamos otro año, renovando sueños, ilusiones, ambiciones, amores, desamores, poniéndonos metas de esas que vamos a tardar en deshechar lo mismo que tarda un terrón de azúcar en disolverse en una infusión caliente…
Comenzó un 2015, repleto de parabienes, aunque para muchos, el año comenzó incluso con una crisis superior a la del año que nos dejaba, puesto que por no tener, no tuvieron ni campanas con las que festejar las ubas…, en fin, cosas del directo.
Comenzó un año combulso en los mercados, aquel que tuviera la feliz idea de acudir al mercado continuo y adquirir cualquiera de las acciones que cotizan en el Ibex 35 como regalo de reyes, habrá comprobado en estos días que los valores que están al alza para sus magestades son la ilusión y el cariño, no el beneficio y la rentabilidad. Y es curioso, porque hoy, que los reyes volvieron a su paraíso de Oriente, el selectivo español se apuntó un 2,26%, con lo que este detalle, unido a que el roscón de reyes que quedaba en mi frigorífico ya ha desaparecido, me hace sospechar, no sin cierta dosis de pena, que la navidad, ha finalizado.
El año también comenzó combulso para algunos clubs de fútbol. El Real Madrid, por ejemplo, que lleva una racha de tres derrotas consecutivas, si bien una de ellas era en partido amistoso, a lo mejor como antes había logrado veintidós triunfos de forma ininterrumpida, ahora quiere lograr la misma cifra pero invirtiendo las tornas…, vaya usted a saber, sobre gustos colores o como decía un viejo amigo, en la variedad está la diversión.
En el Barça por contra, hay otro tipo de problemas, y es que ahora mismo, ese club parece el crucero aquel que naufragó no hace mucho en la costa italiana y en el que nadie parecía tener la culpa pero en el que todos fueron a pique…, o aplicando el refranero popular castizo, “entre todos la mataron y ella sola se murió”. Los unos dicen que Mesi es el culpable, otros dicen que es Luis Enrique y la mayoría echan la culpa al presidente que no va a tardar en abandonar el barco.
Y entre toda esta vorágine, hay un equipo que ha comenzado con buen pie, para alegría y sosiego de sus seguidores, que no es otro que mi Córdoba Club de Fútbol, al que estoy seguro que la navidad le va a durar todo el año.
Aderezamos esta ensalada de ambientes combulsos con la impotencia que siento al ver que un grupo de fundamentalistas radicales, usando el nombre del dios en el que supuestamente creen, terminan con la vida de personas inocentes, cuyo único pecado había sido no creer en ese dios.
Para mí el 2015 no está siendo tan caótico. Tuve la fortuna de comerme las ubas al ritmo de campanadas que no sufrieron cortes inoportunos, no caí en la tentación de adquirir al mercado de valores para comprar mis regalos de reyes, me decanté por el de las sonrisas, soy del Córdoba, con lo que las crisis de los equipos combulsos, esta vez, no me afectan y rezo cada noche porque a los míos no les falte de nada, con la combicción de que mi dios no me va a pedir que mate a nadie para atender mis plegarias.
En cualquier caso, hoy escuché en mi querido Spotifi una canción que no le va mal a lo que llevamos de año y con ella os dejo, eso sí, deseando que todos viváis exactamente el 2015 que habéis deseado en vuestros mejores sueños.

David Gámiz

Presentación Nerón

NeronHola. Mi nombre es Nerón y aunque no tengo nada que ver con aquel que en su día quemó Roma, si me enfadan, tengo casi la misma mala leche…

Soy un bodeguero andaluz de pura cepa, nacido en la Subbética cordobesa y criado entre olivos, altas sierras, buenas gentes e idílicos paisajes. Soy un perro con suerte. David me ha encargado la guardia y custodia de este rincón de la web, en el que se supone que él irá abordando temas de toda índole, los cuales sean interesantes para ser debatidos, con orden, educación y respeto, a sabiendas para el que no cumpla estas sencillas normas, que si me enfadan, le muerdo…

Por cierto, para los que no podáis ver las fotos que he colgado,ejemplo del estilo de vida que con los años he ido atesorando, os las describiré: En la primera, aparezco vestido con un traje del equipo de fútbol que mal que les pese a muchos es el mejor de esta provincia en la que vivo: el Córdoba Club de Fútbol. Bueno, yo diría que es el mejor del mundo, pero eso sería ya entrar en polémicas y antes de darle un bocado a alguno, lo dejamos así.

 


 

Neron

En la segunda imagen, aparezco en un típico patio andaluz, rodeado de luz, aromas, colores y en el que disfruto de muchas de mis siestas. Y como no quiero robar más tiempo ni al creativo webmaster de este sitio ni a vosotros, que estoy seguro lo vais a llenar de interesantes aportes, me despido y tomo mi puesto como guardián…

¡No os paséis que os veo!