Trending Topic

No quiero quererte por lo que tú eres,
sino por lo que vas a llegar a ser;
luz y calidez en los atardeceres,
esperanza y magia cada amanecer.
quiero que seas trending topic en mi piel,
que publiques al mundo que eres muy feliz;
dar la vuelta al mundo en barcos de papel,
poner una foto tuya en mi perfil.
Vamos a saltar al abismo sin red,
lo que ambos sentimos nos protegerá;
la confianza no nos dejará caer,
un silencio a medias nos traerá la paz.
No lo pienses más, cariño, escúchame,
este tren que hoy pasa no se detendrá;
podemos cogerlo y sujetarnos bien
o darnos la vuelta y dejarlo marchar.
David Gámiz

Donde siempre

El jueves a las cinco, donde siempre,
nos vemos si quieres y así charlamos;
no nos hemos dicho aún lo suficiente
y si vamos a acabar, lo celebramos.
Dejé el móvil encima de la almohada,
tras leer aquel mensaje diferente;
ayer no me dirigías la palabra
y hoy en cambio me citas donde siempre.
Jamás me gustaron las atracciones,
soy de los que acojonan las alturas;
por eso es que no entiendo las razones
para subirme a tu montaña rusa,
que puede un día adornarse de ilusiones
y al siguiente perderse entre las dudas.
David Gámiz

¿Me cuentas un cuento?

Me gusta cuando te acercas sonriendo y me dices: ¿papi, me cuentas un cuento?
O cuando me pides que sea el padre de esas familias ficticias que inventas en tus juegos;
Me encanta cuando nos despedimos y me dices eso de papá, yo también te quiero
Y cuando nos comemos un helado y con la boca repleta de chocolate me das un beso.
Maldigo al tiempo cuando llega el día de la despedida y se me olvida cuando dices eso
De papá, no te pongas triste, que ya mismo nos vemos, iremos a casa y allí jugaremos;
Con lo pequeña que eres te has convertido en lo más grande que tengo,
Con tu inocencia y tu alegría has combatido a todos mis miedos.
Sí, yo tengo suerte, ahora lo comprendo, unos tienen casas, joyas, coches y mucho dinero,
Yo te tengo a ti Y cuando te veo sonreír te juro que no tiene precio,
Me ha costado una vida entera llegar hasta donde quiero
Y nadie me apartará nunca Del mundo que me has dado, cargado de sueños.
Para Nayara
David Gámiz

El héroe que no explora

Él, es el héroe que no explora,
El que desecho se tira cada noche en el sofá,
El que sueña con el día
En que sus alas batía sin tener miedo a volar.
Él, es la sombra del que era,
El que contaba trofeos, en la barra de algún bar,
Ahora mirando se queda,
Cuando observa a las parejas, de la mano pasear.
Él no entiende, que el tiempo le dio un aviso,
Para irse del paraíso en el que creía vivir,
Que los treinta y pocos metros,
Habitables de su piso, ya no saben sonreír.
Ahora, cuando vuelve del trabajo,
Con una pizza en las manos y sin ganas de comer,
Recuerda cuando un beso le bastaba,
Para darse por saciado y no tener que beber.
Al culpable, mientras no duerme lo busca,
Es lo único que hace en las noches de Madrid,
Cuando antes, él sabía que era el culpable
Y una noche le bastaba para volver a vivir.
Ya lo sabe, no vendrán tiempos mejores,
Sus cuarenta y tantos años se lo dicen al salir,
Aún recuerda cuando en un gimnasio pijo,
Daba forma a la estructura que hoy se niega a resurgir.
Ya no actúa, la pereza le ha vencido,
Se despierta entre jadeos al soñar que no es verdad,
Que aquel héroe, que un día tuvo lo que quiso,
En apenas unos meses, ha dejado de explorar.
David Gámiz

El minuto de descuento

Me dijiste que me fuera de tu vida;
yo te dije, que no me daba la gana,
suplicaste, por favor no mas heridas;
esta guerra, hoy la doy por terminada.
Yo quería el minuto de descuento,
tú acabar de una vez con el partido;
yo robar una brizna de tu aliento,
tú enviar de vacaciones a cupido.
Al final ni yo pedí, ni tú otorgaste
el minuto en el que a veces cambia todo,
derrotados ya firmamos el empate;
y empezamos nueva liga de otro modo:
tú no estás en mi lista de fichajes,
yo no volveré a tu equipo a jugar sólo.
David Gámiz

No me lo digas

No, hoy no me digas te quiero, pues no voy a creerte;
no me lo repitas como un autómata cada vez que entras o sales de casa, cuando vas a hacer la compra
o a tirar la basura…, ni cuando estás a punto de cerrar los ojos para entregarle tu alma al sueño.
No me lo digas, porque ya no lo escucho,
de tantos te quiero vacíos, no encuentro la plenitud en tus palabras,
ni en tus actos tampoco, a veces pienso que mueves los labios
como empujada por un resorte, murmuras sin decir, hablas en silencio y dañas…,
no sabes cuanto dañas.
Sorpréndeme un día de estos, dime que me quieres pero sintiendo lo que dices,
creyendo lo que dices y estrechando mi maltrecho cuerpo en un abrazo,
de esos que alimentan más que cualquier alimento, de esos que erizan la piel y acarician por dentro.
A lo mejor te creo, si pones pasión en tus palabras, si eres capaz de transmitir con tu voz lo que el corazón siente,
un día lo hiciste y por eso, te entregué mi alma para que la moldearas con tus manos
y crearas algo bello, cálido, nuestro…
No me digas que me quieres a todas horas, pero dame razones para que crea que así es,
mándame cuando menos lo espere un par de caritas de esas del whatsapp, hazme saber que te gustaría que compartiéramos
una cena, una botella de vino, una visita a la cama sin que dormir sea el objetivo…
Dímelo, pero cuando no lo espere, al salir de la ducha, al recoger la cocina, en ese momento
en que tu corazón aritmético entiende que no hay que decirlo,
no te dejes llevar por las agujas del reloj, por los comentarios de la gente
ni por las dudas que sobrevuelan tu cabeza como pájaros de mal agüero
que graznan dentro de tu pecho esa frase maldita:
ahora no es el momento.
Sólo entonces, cuando venzas a esos fantasmas,
cuando te dé igual el lugar, la situación y los que en ese momento se hallen cerca de ti,
cuando no me digas un te quiero que parece programado por una aplicación de tu móvil que te recuerda que has de pronunciarlo,
cuando se te iluminen los ojos al decirlo,
entonces, solo entonces, te creeré.
David Gámiz

Preguntas

¿Tenerte? ¿Temerte? ¿Perderte?
¿Intentar al menos conocerte?
¿Desnudarte el alma? ¿Abrazarte fuerte?
¿No dejar de amarte? ¿Odiarte a muerte?
¿Invitarte al cine? ¿Desear que te acerques?
¿No hacerte ni caso? ¿Ignorarte siempre?
¿Tomar unas copas? ¿Hablar con la gente?
¿Decir que me gustas? ¿Pensarte mil veces?
¿No mandarte whatsapps con gilipolleces?
¿Pasar de tus penas cuando me las cuentes?
¿Ir a tu trabajo para recogerte?
¿Hacerte la cena? ¿Postre sugerente?
¿Mandarte canciones? ¿Sentir que me sientes?
¿Reírme de los chistes malos que haces cuando bebes?
¿Besarte con miedo? ¿Vivir para verte?
Dime lo que hacer, mírame de frente,
pues yo no lo sé, y no me sorprende;
Solo tengo claro, que eres mi presente,
y saberte cerca es el aliciente
para levantarme, para no caerme…
No quiero dañarte, no quiero romperme,
no quiero bajar de mi luna creciente,
temo dar un paso que me desoriente,
por eso habla tú, decide mi suerte,
quédate en mi vida o huye para siempre….
David Gámiz

Cogido de tu brazo

Me gusta ir de tu brazo por la calle
y no por el hecho de que la gente mire y murmure:
“vaya suerte tiene ese tío” “¡qué bien acompañado va!”
No es eso, es algo más sencillo,
es porque a tu lado, tengo la sensación
de que el mundo es un lugar seguro.
Me gusta regalarte mis historias,
decirte que soy un desastre y que tú rías,
que le quites importancia a mis fracasos
y que compartas conmigo tus victorias.
No sé porqué cuando te tengo cerca,
olvido todo aquello que olvidar no puedo,
sonrío aunque mi alma tirite congelada
y confío en la vida que todavía me queda.
Arrojo el mal humor a la basura
los instantes en que bebo tus palabras
sorbo a sorbo, como el tónico que acude
siempre presto para renovar mi aliento.
No es sólo eso, es algo más,
la quietud serena en la que me sumerges,
el confiar en la complicidad de tus silencios,
el saber que si un día marco tu teléfono,
contaré con tu ayuda y tu consejo
y despertaré envidias, caminando por la calle de tu brazo.
David Gámiz

La gata

Yesy había sido una buena amiga, fiel, cariñosa, aveces algo independiente, como cualquier gato, pero no cabía duda que la señora Aranda la había adorado, por eso, cuando el veterinario le comunicó la triste noticia, fue a recogerla a la clínica y se dispuso a enterrarla en su jardín.
La metió en una bolsita de lona azul, pensó que allí estaría cómoda en su viaje final y enfiló el camino a casa. No se dio cuenta que dos jóvenes la seguían, y en una esquina poco iluminada, poniéndole una navaja en el cuello, le arrebataron la bolsa.
Aquella noche, ni la señora Aranda ni los jóvenes pudieron dormir. La primera, recordando a su gatita, los segundos, espantados por los tremendos maullidos que resonaban en alguna parte de la casa.
David Gámiz

Al otro lado

Abres la puerta, enciendes la luz y pasas, no huele a nada en esa casa que dices tuya pero que no sientes. Enciendes la luz y te hundes más si cabe en el abismo de tus sesenta metros cuadrados; Nadie te había dicho que el infierno tuviera esas dimensiones.
Dejas la escasa compra que has hecho en la encimera de la cocina, no sabes si cenarás, si por ti fuera, te ducharías, te pondrías el pijama y te meterías en la cama con la ilusión de no despertar mañana.
Para colmo, comienzas a notar las molestias del período, que intuyes comenzará pronto.
Sacando fuerzas del interior de tus cimientos logras meterte en la ducha. El agua atenúa levemente la sensación de desazón que te acompaña en las últimas semanas y te evade a otro tiempo, donde los problemas eran otros, más llevaderos y pasajeros que los actuales.
Te parece escuchar algo en la habitación, quizás algún amigo te esté llamando para intentarte animar; no te interesa y vuelves a sumergirte en el oasis que ha sido para ti la ducha.
Vuelves a tu cuarto, ya con el pijama puesto, la luz del teléfono te avisa insistente de que tienes una notificación.
Miras el teléfono. No entiendes a qué viene ahora recibir una foto, de otro tiempo, donde te rodeabas de esas personas que creías que no te abandonarían nunca.
Miras la fecha de la foto: todo encaja, fue hace justo tres años, pero al verla lo has sentido como si hubiera sido ayer
“A ti siempre te gustó vivir en el pasado”, escribes como respuesta al whatsapp.
Al otro lado, ya no hay nadie que pueda responder, pero quien estuvo sabe que esa foto habrá calado en tus huesos como la lluvia invernal.
Al otro lado, alguien, tras llegar a casa y ducharse, no ha podido resistir la tentación de compartir contigo aquel instante, a sabiendas de que esas fotos es lo único que le queda de ti.
David Gámiz